
Por Marta Segura
En la vida siempre hay que quedarse con las cosas extraordinarias. Eso hice en el Madrid Masters…
Un torneo en un campo que yo ya conocía, en el que me manejaba casi a la perfección, El Encín. Venía a defender su título el entonces y ahora Número Uno del mundo, Luke Donald, la mayor atracción del torneo.
Pues bien, llega el día del Pro-Am y decidimos hacer un seguimiento a una partida: Javier Ballesteros jugando con Luke Donald. Me dispongo a seguirles los últimos hoyos para poder grabar un swing de Ballesteros, pero está tan interesante que decido quedarme hasta el último hoyo. La partida la completaban Esperanza Aguirre y Díaz Redondo.
Sin hacer mucho ruido voy grabando swings, haciendo fotos, impresionada con el parecido de Javi con Seve, sus mismos gestos, su mismo finish…
Y llegamos al hoyo 16, un par 3 de El Encín, con agua entre tee y green, y con la necesidad de esperar a que termine el grupo que va por delante.
Durante el parón, me dispongo a hacer una foto. En ese instante, de repente, se me acerca John McLaren, caddie de Luke y me pide mi móvil (con el que iba haciendo vídeos y fotos siempre en silencio). Tierra trágame. Creía que había molestado al Número Uno del mundo y eso no podía ser.
Tengo dudas. Transcurren los segundos y lo paso fatal. No podía ser que me llamaran la atención, nunca me había sucedido. Sin más, McLaren se queda mirando la pantalla, me mira y me dice que me coloque junto a la bolsa de Luke para hacerme una foto…
¡Cómo! En aquel momento se abre el cielo de Madrid, el alivio llega y desaparece el agobio. Pero el bueno de John no se queda contento con eso y llama a su jefe, Donald, quien sin que yo me dé cuenta aparece detrás mía, y se hace una foto también. Como una niña, con la emoción contenida por algo inesperado, me quedo impresionada… Sólo sabía decir gracias, por algo que en ningún momento había previsto, ni pedido. Está claro que el Número Uno del mundo lo es dentro y fuera de la competición. Y, por supuesto, el equipo de gente del que se rodea. Thanks, John.
Por la noche, cuando terminabamos nuestra jornada en la sala de prensa, veo que mi compañero Alejandro saluda a un rubito, y me dice: "mira, tu amigo Luke". Increíble. No fui capaz de reconocerlo sin gorra… A todo un Número Uno.


