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Aitite, va por ti

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Sabin y su nieto Jon, en una imagen reciente.
Sabin y su nieto Jon, en una imagen reciente.

No tengo ninguna duda de que ha puesto a todo el mundo ahí arriba en fila a ver golf. Me lo imagino hablando con todos, explicando qué es un birdie y un eagle y orgulloso contando historias de su nieto. Fijo que ya son todos del Athletic Club. Leones de siempre y para siempre. Porque así era Sabin, con una personalidad arrolladora, divertido, entrañable. Se hacía querer y respetar por todos, así que seguro que han formado ya una buena peña y andan con él haciendo la ola al grito de “Athleeeeeeeeeetic”.

Por desgracia todos antes o después probamos la amarga medicina de perder a alguien cercano. Yo creo que se hace mucho más duro cuando estás lejos, a muchos kilómetros y no has podido estar cerca todo lo que te hubiera gustado en los últimos tiempos. Me cuesta aún hablar de él sin emocionarme. Creo que me va a costar siempre. Pero hoy es el protagonista. Me refiero, claro, a mi aitite. A Sabin Rahm. Aunque aclaro desde el principio: Sabin no era el abuelo de Jon, sino que Jon ha sido, es y siempre será el nieto de Sabin.

Sabin, a punto de descorchar una botella de champán tras la victoria de Jon en el Open de Irlanda del año pasado.
Sabin, a punto de descorchar una botella de champán tras la victoria de Jon en el Open de Irlanda del año pasado.

Nunca olvidaré que fue él quien me llevó a mi primer campeonato de España Alevín. Fue en Reus, en el campo Aigüesverds. Íbamos los dos con mi amama y mi primo. Recuerdo que me impresionó mucho ver a los jugadores allí que tenían hándicap 0. No me lo podía creer. Y yo con hándicap 10. No recuerdo quién ganó, pero el líder tras la primera jornada era Álvaro Veiga con cuatro bajo par y el líder antes de la última ronda era Eder Moreno. Yo no juegué muy bien. Entonces no me enteraba de nada… Yo tengo un gran recuerdo de mi aitite aquella semana, aunque no sé si él pensaría lo mismo, ya que le dieron un golpe por detrás en el coche mientras íbamos al campo y nos tuvimos que hacer la vuelta a Barrika en taxi.

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Cuando tenía 14 años, el día antes de ir a la Blume, llegó a casa y me hizo un regalo que es de lo mejor que me han hecho en la vida. Como sabréis, Sabin era delegado en el Athletic Club y me dio un brazalete de capitán del Athletic. ¿Os lo podéis imaginar? ¡Tenía 14 años y era el niño más feliz del mundo! El brazalete ya no me entra en el brazo, pero lo llevo siempre conmigo. Es lo primero que meto en la mochila cuando salgo de viaje. Esté donde esté.

Seguro que por allí arriba ha montado ya alguna partida de canasta. Nos encanta en casa, hemos organizado campeonatos a cara de perro, hacíamos parejas y él siempre quería jugar conmigo. Y cómo jugaba… Y cómo competía. A ninguno de los dos nos gusta perder. Me han dicho en casa, y me encanta cuando me lo cuentan, que cada vez que en televisión han sacado algún enfado mío en el campo, siempre decía: “¿Veis? Esa mala leche la ha sacado de mí”. Tengo claro que mi carácter de supervivencia me viene por mi aitite y no puedo estar más orgulloso.

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También andará dando lecciones de ciclismo, cómo no. Era una enciclopedia. Estaba pegado a la tele en las etapas del Tour y de la Vuelta desde que empezaban hasta la llegada, y se lo sabía todo, los nombres, las trayectorias, quién iba mejor, quién había sumado más puntos… Ahí conectaba muchísimo con mi primo Íñigo, que es un fanático del ciclismo. A mí también me gusta, pero sobre todo las etapas de montaña…

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