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Pablo, ¿esto qué es?

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Pablo Martín ha jugado con bolas que ha comprado en la tienda de La Cala. © Tengolf
Pablo Martín ha jugado con bolas que ha comprado en la tienda de La Cala. © Tengolf

Pablo Martín Benavides (-4) venía este jueves jugando decentemente. Nada del otro mundo tampoco, algo así como ni frío ni caliente, pero llevando la vuelta en control. En el hoyo 6 del recorrido Asia de La Cala, sin embargo, llegaba el dichoso mal drive de turno, no horroroso, pero malo, allá a la derecha… Ni siquiera llegó a pegar una provisional porque no parecía que hiciera falta, pero luego no encontró la bola. Volvió al tee, nuevo drive, éste bueno, un segundo tiro apurando al máximo a esa posición corta de bandera, y la bola que finalmente se quedaba abajo, a las puertas del green. Un buen aprochito, o así lo parecía, pero la bola pegaba en la bandera y regresaba abajo… Total: un triple bogey y esa sensación de vacío tan repetida durante los últimos años en el quehacer profesional del malagueño. ¿Pero qué hago yo aquí, si no valgo?, volvía a preguntarse.

No obstante, finalizaba los primeros nueve sin mayores incidencias. Tres arriba. Aquel maldito triple bogey y ocho pares. Ahí, puesto sobre el tee del hoyo 10, aún tuvo por inercia la sana intención de dibujar en su cabeza un drive con draw magnífico y, lo que es aún mucho mejor, acto seguido lo reproducía con precisión. Emilio Cuartero, que ya había acabado su ronda y que hasta ese momento era el mejor español en la clasificación del Andalucía Costa del Sol Match Play 9, andaba por allí y no pudo hacer otra cosa que aplaudir el fantástico disparo, porque en este punto del relato hay que aclarar además que el viento se había levantado ya con fuerza, con rachas que incluso alcanzaban picos de cuarenta kilómetros por hora. Después, un gran hierro para llevar de dos la bola detrás del green en este par 5, luego un rodadito… Y el primer birdie.

La tarjeta de Pablo hoy en La Cala.
La tarjeta de Pablo hoy en La Cala.

A partir de de ese momento, Pablo Martín Benavides iba a encadenar ocho treses consecutivos: seis birdies más en los pares 4 y dos pares en los dos pares 3 de la segunda vuelta, donde por cierto también dispuso de dos buenas opciones de birdie…

Cada drive tenía un sentido y era de una manera. Uno pancheado, aquel por la derecha cerrando, el de más allá un poco más por la izquierda, abriendo. Después de tomar casi siempre el riesgo desde el tee, en este campo, tan corto como es para los profesionales, se le quedaban tiros cortos a green. Todos de puro ‘feeling’. Y todos los clavó. Todos iban envueltos en seda. Pura exquisitez. Uno más tendido, a frenar en el segundo bote, otro desde algo más lejos saliendo casi en rasante para ir ganando altura y dejar muerta la bola encima del trapo, aquel con un efecto de retroceso muy controlado… Y como las cosas son como son y no hay que darle más vueltas, el añadido, plus, extra, o como ustedes quieran llamarlo, llegaba en el hoyo 16, donde embocaba un putt desde unos quince metros en la única ocasión en que el segundo tiro no fue sobresaliente.

Una tarde de mayo, ventosa y de sol refulgente, en La Cala, Pablo Martín Benavides ha jugado unos segundos nueve que si no han sido los mejores de su vida (y ya es mucho decir), poco le ha faltado. Lo dice él, que no cabía en sí de gozo después de firmar la tarjeta y que espera no olvidarse de estos momentos, para desearlos tanto como pueda, con todas sus fuerzas, a ver si de este modo no dejan de ocurrir.

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