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Cuando Jon mira hacia dentro

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Jon Rahm celebra su victoria tras embocar el putt en el hoyo 18 de Albany. © PGA Tour
Jon Rahm celebra su victoria tras embocar el putt en el hoyo 18 de Albany. © PGA Tour

El golf de Jon Rahm es un torbellino, agresivo, voraz, ambicioso. Busca birdies como medio para alcanzar victorias. Para saborear gloria. Es un arrebato que nace de dentro. Compite desde las entrañas. Los trofeos, las victorias, los cheques, las fotos, las entrevistas son los efectos colaterales que rodean a su auténtico objetivo. Jon quiere trascender. Y eso es lo que ve cuando mira hacia dentro. Y lo hace mucho… Más de lo que parece.

Si abrumadora fue la demostración de talento y determinación que plasmó en Albany durante la última ronda del Hero World Challenge, no menos descollante fue su encuentro con los medios después de levantar el trofeo. Se vio al Jon más introspectivo, analítico y profundo. Los periodistas combinaron sus preguntas para bucear por el interior del vasco y lo que se encontró fue tan valioso o más que el propio triunfo.

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Jon miró hacia dentro y no defraudó. Por ejemplo, hizo un rápido y somero balance del año y no habló de la Ryder, ni del número de calles cogidas, ni siquiera mencionó el Open de España. Fue más allá. Hurgó en sus intestinos y proclamó que la palabra que define su año 2018 es “madurez”. “He crecido más como persona que como golfista y eso se traslada a mi juego. Esta madurez me ha ayudado a controlar mis emociones más y mejor dentro del campo. No hay que olvidar que el año pasado no era más que un novato de 23 años que venía de un pueblo pequeño y que, de repente, se encontraba en el gran escenario del golf mundial, con los mejores jugadores del mundo. Fue un cambio grande y he necesitado tiempo para asimilarlo”, asegura.

“He crecido más como persona que como golfista y eso se traslada a mi juego. Esta madurez me ha ayudado a controlar mis emociones más y mejor dentro del campo”

En el fondo, el de Barrika ofrece una lección que a veces se olvida y es que la persona y el deportista van unidos. Si crece en lo personal, crece también el atleta. No es algo que se pueda disociar. Jon se conoce bien, pero cada día sabe más cosas sobre él y eso ayuda a enfocar sus sueños y expectativas. No tiene ningún reparo en mirar hacia dentro y remover cosas. Lo hace cada año con la ayuda de su coach mental, Joseba del Carmen. Así lo desveló ayer.

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El proceso es el siguiente. Mantienen una charla de dos o tres horas para elaborar los objetivos del año y el punto de partida no son los títulos, el número de victorias o el puesto del ránking mundial que se desea. Es algo mucho más profundo. Jon se coloca delante de un espejo y se hace tres preguntas clave: “¿qué quiero?, ¿por qué lo quiero? y, seguramente la más importante, ¿para qué lo quiero?”, desvela el golfista. No es sólo una cuestión de ambiciones deportivas, va mucho más allá, se trata de algo vital.

Cada año se hace tres preguntas clave: “¿qué quiero?, ¿por qué lo quiero? y, seguramente la más importante, ¿para qué lo quiero?”

Una vez obtiene las repuestas a esas preguntas, las apunta en una libreta. No en el ordenador, ni en el móvil, sino en papel. Como toda la vida. “Es una manera de fijarlas más y las repaso durante el año”, explica. Jon se abrió ayer de par en par, pero aún dejó algunas zonas oscuras, que el interés hay que mantenerlo. No quiso revelar cuáles han sido los objetivos de este año, aunque sí admitió que estaba “muy contento con el grado de cumplimiento de los mismos”.

“Me gustaría conseguir que más personas se acerquen a este deporte, que lo practiquen, que crezca, empezando por supuesto en España, pero alcanzando después una dimensión global. Este es el legado que quiero dejar”.

Rahm tiene sólo 24 años, pero ya piensa en el futuro. Ha tenido tiempo incluso de darle vueltas a cómo le gustaría ser visto cuando se retire. “Me encantaría que dijeran que fui alguien que hizo crecer el golf”, afirma. Trascender. No son sólo victorias o cheques, es mucho más que eso. “Creo que se lo debo a Seve, al golf y a todos los embajadores de este deporte que estuvieron antes de mí. Sin Seve yo no habría jugado al golf. Me gustaría conseguir que más personas se acerquen a este deporte, que lo practiquen, que crezca, empezando por supuesto en España, pero alcanzando después una dimensión global. Este es el legado que quiero dejar”.

Madurez, legado y una libreta de aspiraciones personales y deportivas. Esto, y mucho más, es lo que ve Jon cuando mira hacia dentro.

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