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Algo se muere en el alma cuando un amigo se va

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Así terminó la cabeza del driver de Jorge Campillo tras la primera ronda. © Tengolf
Así terminó la cabeza del driver de Jorge Campillo tras la primera ronda. © Tengolf

La alarma saltaba en el hoyo 15. Jorge Campillo pegaba el drive desde el tee y algo iba mal. Había sonado raro y se había quedado unos diez metros más corto de lo habitual. El extremeño y su caddie, Borja Martín-Simo, miran el palo y descubren el desaguisado. La cara del palo se había roto. Al M2 de Taylormade le había salido una pequeña rajita en la parte blanca. Aún quedaban tres hoyos y, precisamente, los tres eran de drive… Tocaba santiguarse y confiar en que la cabeza aguantara… La del palo, claro…

El caso es que Cañi se puso ahí, como si tal cosa, a verlas venir…

Volvían a pegar con el drive en el 16 y ahora se quedaban 20 metros corto. El asunto empezaba a pintar muy feo. Ya no era una pequeña raja en la parte blanca, ahora se había extendido a la zona negra y prácticamente cruzaba la mitad de la cabeza del palo. Preguntan a un árbitro si podía serguir jugando ese palo y la respuesta es afirmativa.

En el 17 llegan las dudas. ¿Pegamos el driver o la madera 3? La raja es más que evidente, pero se la juegan. La bola sale totalmente capotada, a la izquierda y apenas avanza 180 metros. Señoras y señores, el driver oficialmente ha muerto… El 18 lo juegan con la madera 3 y sacan un valioso birdie para terminar bajo par.

Hay cosas que no se olvidan por más que pasen 23 años…

Lo cierto es que el incidente no ha cogido de sorpresa a Campillo. Hace seis meses que metió una cabeza de driver de repuesto en la maleta por si ocurría algo así. De hecho, los responsables de Taylormade ya le había advertido de que esto podía pasar antes o después. Jorge ha aguantado todo lo que ha podido porque se encontraba comodísimo con este palo. “Nos ha dado dos años muy buenos”, asegura.

Ahora, queda la incertidumbre de ver cómo reacciona la nueva cabeza. En teoría es idéntica, pero nunca se sabe hasta que se monta el palo y se empieza a pegar en la calle de prácticas. Precisamente, esto obligará a modificar un poco la rutina a Campillo. Este viernes sale por la mañana, a partir de las 8.25 hora local (una hora más en la España peninsular). Lo normal en el cacereño es empezar a practicar una hora antes, sin embargo, esta vez lo tendrá que adelantar un poco, ya que toca montar el palo y ‘calentarlo’ antes de hacerle debutar.

Cantero entiende que la clave está en disfrutar del proceso

Campillo tiene motivos para entornar aquella mítica sevillana: ‘Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va’.