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La remontada imposible de Campillo se queda a las puertas

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Jorge Campillo en el hoyo 18 durante la jornada final en Ballyliffin. © Golffile | Thos Caffrey
Jorge Campillo en el hoyo 18 durante la jornada final en Ballyliffin. © Golffile | Thos Caffrey

¿Es creíble que un jugador enchufe un putt de unos doce metros de distancia para hacer birdie en el hoyo 72 del torneo y acabar forzando gracias a esta acción un desempate, y media hora después, desde una situación y un ángulo muy similares en el green, aunque con un putt ligeramente más corto, de unos once metros, vuelva a enchufarlo, entrando la bola por el mismo sitio, que uno ya no sabía si era la repetición del primero o qué demonios era eso, y termine ganando así el Open de Irlanda?

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Creíble o no, eso es exactamente lo que ha hecho Russel Knox (-14) para birlar la victoria al neozelandés Ryan Fox (-14), que por su parte, muy al contrario del caso de Knox, fallaba un putt de eagle de unos cuatro metros en el 17, acto seguido uno de birdie desde unos tres metros en el 18 y volvía a fallar otro de unos tres metros en el hoyo de desempate tras una corbata de 270 grados burlona y cruel…

Russell Knox con el trofeo de ganador del Open de Irlanda. © Golffile | Eoin Clarke
Russell Knox con el trofeo de ganador del Open de Irlanda. © Golffile | Eoin Clarke

Otra pregunta al filo de lo imposible. ¿De verdad era creíble que los dos españoles mejor colocados tras la tercera jornada, Jorge Campillo y Jon Rahm, manejaran todavía alguna opción de ganar en el Ballyliffin Golf Club saliendo a ocho golpes de la cabeza? Visto lo visto, lo era. Igual que ocurría la semana pasada, ha ganado un jugador, Knox, que salía el domingo a siete golpes del líder. A Erik Van Rooyen (-12) le hubiera valido una tarjeta de par en la ronda decisiva para salir al menos al desempate, pero terminaba firmando un 74 muy deficiente, con dos birdies y cuatro bogeys en la tarjeta. Ayer, a la hora de referirnos a las remotas opciones de Jorge Campillo (-13) y Jon Rahm (-12), cualquier cálculo optimista pasaba por dos requisitos obligatorios: un mal día del líder y uno excelso de ellos. El mal día de Van Rooyen era ya casi un hecho cuando el sudafricano hacia tres bogeys entre los hoyos 6 y 9…

Mucho antes de que el sudafricano comenzara a deshacerse como un azucarillo, antes incluso de que saliera a jugar, a Rahm lo habíamos dado ya por amortizado después de del triple bogey descorazonador que le caía en el hoyo 2 por culpa de una bola fuera de límites. Si sus opciones eran más que improbables, ahora eran ya sencillamente imposibles. Sin embargo, Campillo había salido echando humo justo en el partido de delante de Jon, haciendo birdies en los hoyos 1 y 2 y un eagle en el 4 para un parcial avasallador de cuatro menos en los cuatro primeros hoyos.

Jorge Campillo en el green del hoyo 17 durante la ronda final del Open de Irlanda. © Golffile | Thos Caffrey
Jorge Campillo en el green del hoyo 17 durante la ronda final del Open de Irlanda. © Golffile | Thos Caffrey

El extremeño no iba a pararse ahí. Todavía enganchaba dos birdies más en el meridiano de la ronda (hoyos 8 y 9) y, entonces ya sí, se convertía en un candidato con todas las de la ley, marcando el ritmo por delante. Aún patearía para birdie en el 10, pero también es muy cierto que a partir de ese momento el asunto se iba a complicar. De entrada, pegaba una madera 3 que parecía perfecta en el 11, pero que terminaba en el bunker. Son las cosas que ocurren en los links y en los últimos nueve hoyos del domingo: un bote más duro de lo esperado, imprevisto a todas luces, un chute de adrenalina… Y ya te puedes haber metido en un pequeño lío. Después, en el tramo final, también aparecían algunos errores, como las salidas en el 16 o en el 18.

Jorge Campillo hoy domingo en el green del hoyo 18 de Ballyliffin. © Golffile | Thos Caffrey
Jorge Campillo hoy domingo en el green del hoyo 18 de Ballyliffin. © Golffile | Thos Caffrey

El putt, sin embargo, casi lo mete en el desempate final, pues le procuraba sendos ‘bonus’ en los dos pares 5, con dos purazos para birdie en el 13 y para eagle en el 17 que en honor a la verdad no entraban ya en los cálculos más razonables, además de sacarle de varios apuros más, especialmente en el 18, donde salvaba un par desde más de tres metros, después de haber fallado la calle saliendo con hierro, la opción más conservadora.

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De cualquier manera, se hace muy difícil exigir más a quien ha finalizado con un 65, la mejor vuelta de la jornada, bordando el golf durante buena parte de la vuelta y apretando los dientes cuando hacía falta. Es muy probable, además, que en el tee del 18 le viniera a la cabeza el terrible doble bogey del día anterior y Jorge pensara fríamente que era mejor buscar el birdie con un palo más largo, pero desde el fairway, y por ello escogiera el hierro 2 en el tee en lugar de pegar el driver, como hizo el sábado, para tratar de acortar por la esquina derecha del dog leg que dibuja este hoyo, tal y como hicieron Fox, Knox, Rahm, Van Rooyen o Lagergren… Estimaba el jugador español, asimismo, que un buen hierro 2 a calle le dejaría con un hierro 9 en las manos de segundo tiro, así que su estrategia también tenía sentido.

Su primera victoria aún tendrá que esperar, y esta es la parte que escuece, pero mientras llega o no Campillo sigue protagonizando sobresalientes rondas de golf, pegándose con los mejores, tratándolos de tú a tú, haciendo caja, ascendiendo en los rankings, ganándose todo el respeto… Creciendo y creciendo.

Jon Rahm en el hoyo 18 durante la jornada final en Irlanda. © Golffile | Thos Caffrey
Jon Rahm en el hoyo 18 durante la jornada final en Irlanda. © Golffile | Thos Caffrey

Habíamos dejado a Jon Rahm en el hoyo 2, amortizado y envuelto para regalo, fuera de todo cálculo y de toda ecuación. Sin embargo, el joven vasco aún iba a hacer temblar el Glashedy Links, el recorrido del Ballyliffin Golf Club que han jugado los profesionales esta semana. Primero, respondiendo al triple bogey matador con dos birdies y un eagle en el hoyo 6 (par 4), donde la enchufaba desde fuera, para ponerse por debajo del par en el día en un visto y no visto. Después, dejándose por el camino un buen puñado de opciones más de birdie que lo hubieran metido en la pelea, tal y como venía Van Rooyen. Y para rematar, concluyendo la ronda con una carga bellísima de cinco birdies en los últimos seis hoyos, portando con orgullo y honor, hasta el último suspiro, la bandera del defensor del título. A punto estaba incluso de cerrar la vuelta con un eagle en el 18 que le hubiera dejado a las puertas mismas del desempate, aunque fuera aliado ciertamente con la fortuna, pues esa bola se hubiera ido del green si no pega en el mástil…

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Jon Rahm en la ronda final en Ballyliffin. © Golffile | Eoin Clarke
Jon Rahm en la ronda final en Ballyliffin. © Golffile | Eoin Clarke

La fortuna, no obstante, es para quien la busca y Jon sale siempre a buscarla con una determinación reservada sólo a los elegidos. Cierra este periplo europeo de Rolex Series con un quinto puesto en Francia y un cuarto en Irlanda, así, como quien no quiere la cosa y tremendamente lastrado por sendos triples bogeys dominicales en ambas plazas. Y Carnoustie allá, en el horizonte…

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