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Hipnotizados (y esperanzados) en aquella esquina del norte de Irlanda

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Ballyliffin Golf Club. © Golffile | Thos Caffrey
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El circuito europeo puede seguir presumiendo esta semana tranquilamente y con fundamento de causa. Por un lado, el Open de Irlanda que comienza este jueves vuelve a ganarle la partida a su torneo paralelo en el PGA Tour, en este caso el Greenbrier, en cuanto a puntos de ranking mundial.

Miguel Vidaor, director del torneo: “Es el links en mejores condiciones que he visto nunca, incluyendo los de la rotación del British, sobre todo por el gran estado en el que se encuentran los greenes”

Por otro lado, el escenario de la prueba llama de nuevo y especialmente la atención: el Ballylifinn Golf Club, en el condado de Donegal, al norte de la República de Irlanda (y no en Irlanda del Norte, no confundir), y más concretamente el Glashedy Links, uno de los dos campos del complejo donde se juega el torneo, es mucho más que una perla. Se trata de un links moderno, pues abrió sus puertas en 1995, pero resulta igual o más hipnótico que el más legendario de los links irlandeses o escoceses, según están confirmando los jugadores presentes. “Es el links en mejores condiciones que he visto nunca, incluyendo los de la rotación del British, sobre todo por el gran estado en el que se encuentran los greenes”, resume el director del torneo, Miguel Vidaor, a Tengolf, alguien con un ojo más que experimentado y exigente para este tipo de campos, que son por otro lado los que más le gustan.

Cinco semanas de sequía en la zona no han impedido que el aspecto del campo sea inmejorable, aunque dota al juego de algunas características peculiares. Por ejemplo, el rough penaliza, pero no tanto como la semana pasada en París, aunque también se podrán perder algunas bolas cuando las escapadas desde el tee sean especialmente groseras. Quiere esto decir que los grandes pegadores podrán atizar sin complejos, entre otros palos el hierro 2, que será también un excelso protagonista en unas calles pardas donde la bola corre de lo lindo. Además, los greenes, que se pretenden mantener a una velocidad de 11 en el stimpmeter, están firmes, duros, lo que demanda mayor calidad con los segundos tiros para dejar bolas cerca de la bandera, pues además están rodeados en muchos casos de escapatorias, un poco al estilo Shinnecock Hills, para hacernos una idea.

No parece, así pues, un escenario en el que Jon Rahm, el defensor del título y jugador con mejor ranking mundial de la cita (5), vaya a encontrarse a disgusto o a contra estilo, mucho menos después de haber demostrado un excelente nivel de juego la semana pasada en Francia. Rory McIlroy es el otro top 10 del mundo presente en la cita, además de uno de los héroes locales.

Rahm, por cierto, jugará los dos primeros días junto a Rafa Cabrera Bello (Graeme McDowell completa el partido) y con el canario siempre hay que contar, a pesar del accidente de la semana pasada en el Golf National, donde se quedaba fuera del fin de semana por un golpe. Rafa, además, y a pesar de haber fallado el corte el año pasado en este torneo, acumula un buen puñado de excelentes actuaciones en Irlanda en los últimos tiempos: fue 2º en 2012, 5º en 2013, 4º en 2015 y 8º en 2016…

Otros nueve jugadores cierran esta semana la nómina de una Armada española que mueve al optimismo. Todos ellos, salvo Campillo, que ya está clasificado, aspiran entre otras cosas a conquistar una de las tres plazas del British que están en juego (se las llevan los tres primeros dentro del top ten que no estén ya metidos). En este sentido y en otros habrá que seguir muy de cerca la evolución de algunos de los nuestros, que apuntaron muy buenas cosas en el Open de Francia, caso del mismo Campillo, Adrián Otaegui, Pedro Oriol, Álvaro Quirós o Nacho Elvira, cuyo juego en el Golf National estuvo en muchos casos y momentos por encima del registro obtenido al final. Además, por supuesto, de esperar la mejora o el repunte de Pablo Larrazábal, cuya muñeca respondió la semana pasada, Scott Fernández, Gonzalo Fernández Castaño y Carlos Pigem.

Las previsiones meteorológicas, por otro lado, no apuntan al drama en ningún caso. Temperaturas templadas, muy poquita agua y una brisa marina casi constante pero que, en principio, no superará nunca los 20 kilómetros por hora.

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McIlroy presenta el Open de Irlanda con un vídeo espectacular