Inicio Grandes Circuitos PGA Tour Jon Rahm o la decepción traducida como un síntoma excelente

Jon Rahm o la decepción traducida como un síntoma excelente

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Patrick Reed posa con el trofeo de ganador del Northern Trust. © Golffile | Phil Inglis
Patrick Reed posa con el trofeo de ganador del Northern Trust. © Golffile | Phil Inglis

Patrick Reed (-16) ha ganado el Northern Trust, primer playoff de la FedEx Cup, lo que le lleva al segundo puesto de esta clasificación, ganando 48 posiciones y, por tanto, lo sitúa ya como serio aspirante a la victoria final y a ese ‘grosero’ bonus de quince millones de dólares.

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Hay una primera clave muy sencilla de contar que explica lo sucedido: tanto Reed como Abraham Ancer (-15) conseguían elevar su nivel de juego y acierto en el último tercio del Liberty National, esa recta final en la que, salvo contadas excepciones,  se deciden los torneos de golf. Uno, el texano, se llevaba el triunfo. Otro, el mexicano, finalizaba segundo, rematando su mejor actuación en el PGA Tour y yéndose hasta el puesto 8º de la FedEx.

Abraham Ancer en la ronda final del Northern Trust. © Golffile | Phil Inglis
Abraham Ancer en la ronda final del Northern Trust. © Golffile | Phil Inglis

A Jon Rahm (-14), sin embargo, le iba a ocurrir exactamente lo contrario. Se plantaba con autoridad como líder a falta de cinco hoyos, manejando incluso una ventaja de dos golpes, y luego se quedaba enmarañado en una red tejida por sus propios errores y la mala fortuna.

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El español pertenece a la estirpe de jugadores que, desde el mismo lunes, cuando pisan por primera vez el campo que toque esa semana, no barajan otra opción que no sea la de ganar, aunque una vez y otra no se gane, porque ya ha quedado suficientemente demostrado que así es el golf. Por tanto, no cuesta nada imaginar cuánto y cómo le habrá dolido el traspié.

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Por fortuna, en apenas unas horas, un día a lo sumo, el mocetón de Barrika rescatará con toda seguridad la moraleja más acertada: no queda más remedio que seguirse pelando los nudillos mientras se llama una y otra vez a la puerta. Sea como sea, y a pesar de la decepción, es interesante mirar las cosas con la perspectiva más objetiva: desde que Jon ganó por primera vez como profesional, aquel Farmers en enero de 2017, el periodo de tiempo más extenso que ha transcurrido sin una victoria suya ha sido de ocho meses… Dramas, por tanto, los justitos.

Jon Rahm durante la jornada final en Liberty National Golf Club. © Golffile | Phil Inglis
Jon Rahm durante la jornada final en Liberty National Golf Club. © Golffile | Phil Inglis

Había dicho el joven español que no se sentía cómodo con los hierros… Y con los hierros en la mano se le escapaba el triunfo como arena fina entre los dedos. El hierro 9 en el 14, par 3, por ejemplo, que había diseñado abriendo para aterrizar en el centro del green y salía recto a la izquierda. O el disparo con un wedge desde la calle del 15 en busca del approach y putt para salvar el par, una vez había fallado la salida al bunker, que se iba largo, por detrás del green. O el tiro que tenía de 75 metros a la bandera en el 17, después de haber pegado un zambombazo brutal con el driver, que se le quedaba demasiado corto…

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En efecto, puede que haya perdido el torneo con los hierros en la mano, pero no será desde luego por lo que ocurría en los primeros nueve hoyos de la jornada, tramo que pasaba con un parcial formidable de tres menos, cogiendo todas las calles sin excepción y pegando segundos tiros inmensos, con mención especial al hierro largo que empalaba a las nubes en el hoyo 8, par 5, para dejarse una opción de eagle. Ocurre que, en los momentos de máxima presión, el juego puede sufrir más en aquellas parcelas en las que uno no ande con plena confianza, así que es posible que esta sea la explicación del derrape de Rahm en el último tramo del torneo.

La ronda ganadora de Patrick Reed en el Northern Trust, en vídeo

¿Sabe a poco el tercer puesto final? Que cada cual ajuste sus expectativas como buenamente quiera y pueda. Quizá, hasta sea un buen síntoma: sólo los deportistas excelsos, los llamados a la gloria, tienen la capacidad de ‘decepcionar’ después de llegar hasta la mismísima recta final con opciones claras de victoria. De esto sabe mucho Rafa Nadal, por ejemplo, el mejor deportista español de todos los tiempos sin ningún género de duda, que ganaba por cierto el Masters 1.000 de Canadá en Montreal, justo cuando Jon afrontaba el momento de la verdad quinientos y pico kilómetros más al sur, a la vera de la estatua de la Libertad.

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