Inicio Masters de Augusta Masters de Augusta 2019 Al fin la Quinta; al fin el Quince

Al fin la Quinta; al fin el Quince

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Tiger Woods, ganador del Masters de Augusta 2019. © Golffile | Fran Caffrey
Tiger Woods, ganador del Masters de Augusta 2019. © Golffile | Fran Caffrey

El 16 de junio de 2008 Tiger Woods había ganado su decimocuarto Grande, aquel US Open en Torrey Pines. De allí salía rumbo al quirófano, a recomponer una rodilla destartalada que no le había impedido someter de nuevo a lo más granado del golf mundial. Entonces, ¿Tiger podía ganar ‘majors’ también a la pata coja? No es por desmerecer o faltarle el respeto a nadie, pero más o menos fue así. Tal era su poderío y tal la obligada pleitesía del resto.

Así lo vivimos en directo | ¡¡TIGER WOODS GANA EL MASTERS DE AUGUSTA!!

Las cuentas que se hacían eran casi groseras, pero no quedaba más remedio que hacerlas una vez regresó al juego, con la articulación reconstruida y dispuesta: ¿en qué año dice usted que superará los 18 de Jack Nicklaus? Y antes del Masters de 2009 hubo quien incluso barajaba con imprudente antelación una histórica cuadratura del círculo: quizá sea en el British Open de 2010, en St. Andrews, precisamente allí, en la catedral del golf, donde Woods alcance el dichoso registro y sea coronado como Emperador. Mucho iba a tener que correr, pero cualquier objetivo o meta parecía al alcance de su todopoderoso desempeño…

La victoria de Tiger Woods en el Masters, en una galería para la historia

En ningún cálculo cabía ni remotamente la posibilidad de que hubiera de esperar hasta un 14 de abril de 2019, diez años y diez meses después del título en Torrey Pines, para anotarse el decimoquinto, el Masters de Augusta de 2019, el Masters de la Excelencia, para enfundarse sobre un camiseta sin cuello, como en 2005, la Quinta Chaqueta Verde. Entre medias, de todo. Desde aquel PGA que se le escapaba a manos de Yang (2009), a la mismísima y fundada sospecha sobre si podría volver a jugar al máximo nivel, torturado como llegó a estar por las lesiones de espalda, y pasando por unos cuantos descensos vitales y personales a los infiernos.

Tiger: “El año pasado estuve cerca en algunos ‘majors’ y lo que aprendí en aquellas situaciones me ha servido mucho esta semana”

Tiger ha vuelto a ganar un Grande y, con 43 años cumplidos y cien mil batallas libradas, no lo ha vuelto a hacer hasta que ha desandado y aprendido de nuevo el camino. No, el remozado Tiger de finales de 2017 y comienzos de 2018, libre al fin de dolor, no era el mismo en el campo. No era capaz de controlar como antaño sus emociones o la presión en la hora de la verdad y, además, su aura ya no ejercía aquel legendario poder hipnótico sobre sus rivales, que hasta llegaban a deshacerse con sólo atisbar la sombra del felino en lo alto de un ‘leaderboard’. “El año pasado estuve cerca en algunos ‘majors’ y lo que aprendí en aquellas situaciones me ha servido mucho esta semana”, reconocía minutos después de cantar victoria en el green del 18 del Augusta National con un putt corto de bogey.

El decimoquinto es su Grande más amable, uno que ha ganado sudando tinta china, pero también con una sonrisa franca en el rostro en la hora de la celebración

Agarrémonos por tanto de nuevo al tópico y a las moralejas: nunca se deja de aprender y reaprender en el golf y mucho menos en la vida. Palabra de Woods. Porque si ha sido capaz de regresar a lo más alto ha sido también a través de un enfoque vital diferente, con un punto más de disfrute y, desde luego, mucho menos obsesivo, áspero y distante. Más abierto y cercano en su inmensidad de enorme campeón.

Tiger Woods tras su victoria en Augusta. © Golffile | Fran Caffrey
Tiger Woods tras su victoria en Augusta. © Golffile | Fran Caffrey

El decimoquinto es su Grande más amable, uno que ha ganado sudando tinta china, pero también con una sonrisa franca en el rostro en la hora de la celebración. Y el que sin duda aplauden más aficionados en el planeta, afiliados o no a su legión de seguidores.

Vídeo | Lo mejor de la histórica última ronda de Tiger en el Masters

Al genio de Cypress le ha bastado una tarjeta de 70 golpes para imponerse con autoridad en una última jornada que, por emoción e incertidumbre, ha estado a la altura de las expectativas más exigentes. Honestamente, daba la sensación de que aún hubiera podido encontrar una última vuelta de tuerca de haberla necesitado. Era el Woods de los mejores tiempos, el que controla su hoja de ruta con mano firme sobre el timón y anticipa la de los demás, aunque ciertamente haya sido la primera vez que gana un Grande sin salir de líder en la última ronda.

Ha sido el Masters de la experiencia, porque desde ella lo ha ganado. La Quinta chaqueta bien lo merecía: un respeto a las canas y a las coronillas alopécicas, arrasadas de tanta gorra y tanto estrés. Una experiencia de casi un cuarto de siglo en el coloso de Georgia que puede condensarse en los 22,7 segundos que tardaba en recorrer su bola la distancia desde su palo hasta el mismo borde del hoyo 9 en un putt primoroso. O iba por ahí, o no iba. Qué precisión y cuantísimo conocimiento del terreno.

Vídeo | El golpazo de Tiger que valió su quinto Masters

Salvo el segundo tiro en el 18, todo lo que ha hecho hoy, mucho más por los segundos nueve hoyos, ha sido un puro despliegue del manual de los elegidos en el Augusta National. Reconociendo cada problema (no, él no iba a irse al agua en el 12, como Koepka, Poulter, Molinari y Finau) y aplicando el remedio apropiado a cada situación; apretando cuando debía, soltando cuerda cuando tocaba.

Tiger Woods y Francesco Molinari en la jornada final del Masters. © Golffile | Fran Caffrey
Tiger Woods y Francesco Molinari en la jornada final del Masters. © Golffile | Fran Caffrey

Pasado el Amen Corner, en el inicio del ‘sálvese quien pueda’ que cada año acontece el domingo en este rincón de Georgia, él fue quien mejor leyó la situación. Los ataques por delante no terminaban de ser lo decisivos que cabía esperar (también las condiciones de juego eran ahora más complicadas) y, a su lado, la resistencia inquebrantable de Francesco Molinari, que hasta ese momento había hecho magia en los alrededores de los greenes, comenzaba a resquebrajarse. Tiger hizo sus cuentas: había que llegar hasta -14. Y hasta allí llegó, a pesar del irrelevante tropiezo en el 18. El italiano se une al amplio listado de víctimas del hoyo 12 del Augusta National, recogiendo el ilustre testigo de Jordan Spieth. Se iba al agua y tras el preceptivo doble bogey ya nada iba a ser lo mismo, en las lindes de las prisas y hasta la desesperación. Hasta el 15 (nuevo doble bogey) llegó su empuje, que no es poco. Volveremos a verlo en la pelea en los últimos nueve del domingo. Al tiempo.

La histórica victoria de Tiger en el Masters, en 10 datos

Han sido diez años y diez meses de espera, pero la ocasión no ha podido ser más apropiada ni más oportuna: precisamente en un torneo en el que los mejores jugadores del mundo, con muy pocas excepciones, venían retándose y copando las alturas de la clasificación desde el mismo jueves. ¿No será que a Tiger le han hecho pasillo los mejores para celebrar como merecía su definitivo retorno?

Vídeo | Así recibió Tiger Woods de Patrick Reed la Chaqueta Verde

Tiger ha reaprendido a ganar Grandes. A partir de aquí, de nuevo tenemos todos licencia para rehacer los cálculos más groseros y ampulosos. Desde luego, queda abierto un renacido orden en el golf mundial. Los Grandes de nuevo se incluyen en el coto de caza del Tigre. Y los demás, ya pueden ir arreando.

Consulte aquí los resultados del Masters de Augusta

1 COMENTARIO

  1. Y queda otra incógnita: ¿volverá a ser número 1 del mundo?
    Y si es así ¿durante cuanto tiempo?
    Yo creo que volverá a ser número 1 pero no tendrá una hegemonía duradera y poderosa como antaño. La edad no perdona pero además ahora tiene detrás un grupo de jóvenes muy fuerte y amplio. Dustin, Koepka, Thomas, Rory, Jon (sí, creo que tiene posibilidades de serlo), etc.

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