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La catástrofe de 2004 tiene una leyenda urbana

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Jardineros de Shinnecock riegan esta semana los greenes del US Open.
Jardineros de Shinnecock riegan esta semana los greenes del US Open.

Hasta la USGA ha tenido que pedir perdón por lo que pasó en Shinnecock Hills en 2004. Aquella edición forma parte de la leyenda negra del US Open. Los greenes se pusieron duros como el mármol y hubo incluso que parar el juego entre grupo y grupo de jugadores el domingo porque el green del hoyo 7 estaba injugable. La media de golpes en aquella jornada superó los 78. Un error de cálculo que no se repetirá ha asegurado la Asociación de Golf de Estados Unidos. Veremos.

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Sea como fuere, como cualquier leyenda negra que se precie tiene también su cara b, la leyenda urbana. Una historia que corre como la pólvora estos días en Shinnecock Hills y que añade si cabe un punto más dramático a lo que ocurrió aquí hace 14 años. El titular bien podría ser el boicot de los jardineros.

Según cuentan voces autorizadas, lo que ocurrió aquel fin de semana en Shinnecock no fue tan casual como ha dejado escrito el tiempo. Más bien fue algo realizado con premeditación y alevosía y parte de las malas relaciones que mantuvieron entonces el greenkeeper jefe del recorrido de Long Island con los máximos responsables de la USGA.

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Aseguran que el greenkeeper advirtió en varias ocasiones a los rectores del torneo de que los greenes estaban al límite, que necesitaban agua y que se estaban poniendo en peligro. La USGA aseguró que todo estaba bajo control y no le gustó que el responsables del campo, aún sabiendo que nadie conocía como él aquella hierba, quisiera imponer en su criterio.

Ante estas desavenencias, cuenta la leyenda negra que las USGA le dio el fin de semana libre al greenkeeper. Le pidió que no apareciera por el campo el fin de semana, que no lo necesitaban. Había quedado proscrito como pájaro de mal agüero. Con lo que no contaba la USGA era con la reacción de sus fieles escuderos. Los jardineros de Shinnecock se rebelaron por el trato que habían dispensado a su jefe y decidieron por su cuenta y riesgo pasar el rulo más de una, dos y tres veces en las noches del viernes y el sábado, llevando al límite unos greenes que ya de por sí estaban muy castigados por el sol y el viento.

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Sea leyenda o realidad, la USGA no está por la labor de que se repita y ya está tomando medidas. Este mismo martes se han visto a varios operarios por el campo regando los greenes en mitad de las vueltas de prácticas para evitar problemas innecesarios.

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