
Después de acumular un resultado de uno abajo en los primeros 36 hoyos del torneo, a Tiger Woods sólo le quedaba entregar hoy algo así como la mejor tarjeta del día para aspirar el domingo a la victoria, o al menos para luchar por ella como en los viejos tiempos…
Sin embargo, el gran campeón norteamericano no ha parado de recibir una bofetada detrás de otra en cada tee. Hasta el hoyo 11 tuvo que llegar para coger su primera calle del día.
A pesar de todo, después de embocar un putt de siete metros en el hoyo 9 para birdie, se las arreglaba para acabar con un parcial de sólo uno arriba por la primera vuelta del Firestone. Ese sí que es Tiger en estado puro, porque tampoco resulta novedoso verlo sufrir con el driver en las manos. Incluso, se permitía el lujo de fallar algún putt más bien corto para birdie (desde tres metros en el hoyo 5 y desde dos metros en el hoyo 6…).
Por los segundos nueve enderezaba el juego y es en este punto donde cabe preguntarse de nuevo dónde ha quedado aquel aplomo de antaño en los greenes. A pesar de de encadenar, en efecto, diez hoyos sin oler un fairway como Dios manda, seguimos pensando que la mayor diferencia entre el Woods de hoy y el Woods triunfante es que ha perdido su condición de ‘terminator’ con el putter en las manos. Este sábado ha pateado para birdie en siete de los últimos hoyos, convirtiendo sólo uno. Y atención, errando hasta cuatro tiros por debajo incluso de los dos metros de distancia, fueran para birdie o para par.
¿Qué ocurre? ¿Es que un profesional de élite no puede fallar desde dos metros? Por supuesto que sí. Lo vemos todas las semanas. Pero una cosa es un profesional de élite y otra muy distinta era Tiger Woods, un portento a quien, por momentos, costaba verle fallar incluso desde distancias más peliagudas, entre los tres y los cinco metros.
No, Tiger no solía perdonar tanto (en los hoyos 10 y 12 tampoco embocaba desde cuatro metros). Y mucho menos cuando otras parcelas de su juego flaqueaban y entonces tenía que sacar las castañas del fuego con el putter. Ese palo ya no es la varita con la que transformaba vueltas sufridas y hasta grisáceas en resultados por debajo del par…


