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Olazábal no renuncia a escribir una de las más bellas historias del deporte…

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“Go Ollie, go”. Un empleado del European Tour masculla estas palabras con los dientes apretados a unos pasos del green del hoyo 18 de Pula, par 3, mientras José María Olazábal se acerca desde el tee…

Y, como todos, estalla de alegría cuando Chema emboca un putt de cuatro metros y cierra con birdie una tarjeta de 66 golpes que le ha metido en el penúltimo partido del domingo de este Iberdrola Open.

Cinco golpes lo separan de Chris Wood (-9), un líder sólido que mañana va a enfrentarse por enésima vez al reto de estrenar su palmarés victorioso.

“Soy consciente de dónde estoy y cómo estoy. Mi juego no está todo lo bien que debería estar. Mañana saldré a luchar como hago todos los días”, explica un Olazábal relajado y feliz.

Y en el corro de periodistas que le rodea nadie se atreve a mentar a Severiano Ballesteros, justo una semana después de su fallecimiento. Chema tampoco. No hace ninguna falta. Demasiado desgaste emocional. Su juego, ciertamente, ha hablado esta semana por él y por Seve. Ayer se agarró al torneo con la misma determinación y fiereza que sólo la mejor pareja de la historia del golf conoció. Dos calles y sólo 69 golpes (¡en Pula!).

Y hoy se ha movido hacia adelante catapultado por esa cifra de sólo 23 putts. “Estoy encantado, días de putt como el de hoy no salen muchos… Es bonito estar ahí, aunque siempre os he dicho que el objetivo en realidad es volver a pegar bien a la bola. Si consigo eso seguro que podrán llegar otros objetivos”.

La sombra del genio cántabro es demasiado larga y profunda como para obviarla. “Go Ollie, go”: las Islas Británicas también estarán mañana con José María Olazábal. Con Ollie. Da igual que Chris Wood (inglés), Darren Clarke (norirlandés) o Shane Lowry (irlandés) salgan en los últimos partidos. Ningún ganador de torneo sería mejor visto y recibido por todo el planeta-golf. ¿Quién se negaría a firmar una de las más bellas historias del deporte?

En realidad, y sin ánimo de curarnos en salud, buena parte de esa historia está ya escrita una vez finalizada la tercera jornada. ¿Cómo podría suponerse que Olazábal sería capaz de dejarse una opción de triunfo en una de las semanas más complicadas de su vida deportiva, sólo tres días después de acompañar a la familia de Seve en Pedreña durante el funeral?

No nos engañemos. Es muy complicado que mañana pueda asaltar el liderato. El jugador vasco se está mostrando muy irregular desde el tee y de este modo el peligro acecha en cada esquina. “Hoy, por los segundos nueve hoyos otra vez me ha vuelto a fallar el driver, así que hemos tenido que luchar como ayer. Por los primeros nueve ha ido mucho mejor, pero también hay que decir que en ese tramo del campo he pegado madera 3 en los hoyos 1, 3 y 6, y un hierro largo en el 5. En el campo de prácticas parece que sí voy consiguiendo enderezarlo, pero luego salgo al campo… Y como suele decirse en estos casos, la cabra tira al monte”, explica.

Mañana, en todo caso, se esperan rachas de viento del norte que rondarían los 40 kilómetros por hora. Así que el torneo puede volverse loco. “Si estuviera pegando mejor a la bola diría que prefiero que haya mucho viento, porque me desenvuelvo bien, pero en estas circunstancias no sé qué decir, no pienso en ello”.

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