
Rafa Cabrera Bello ha perdido contra Jason Day en el hoyo 19 de la primera ronda del WGC Accenture…
Ha sido una derrota muy dolorosa, traicionera, cruel. Demasiado cruel. El canario ganaba por tres arriba a falta de tres hoyos. Tenía el triunfo en la mano. Sin embargo, perdía cuatro hoyos consecutivos y caía eliminado.
Más de uno habría firmado un resultado así de Cabrera Bello contra Day. No olvidemos que se trata del Número 7 del mundo y un jugador fiero en el match play. Es una derrota más que digna, llegando más allá del hoyo 18. Pero después de ver el desarrollo del partido, lo cierto es que el jugador español ha dejado escapar una victoria que tocaba con los dedos. Hay poco consuelo. Seguro que al canario se lo estarán llevando los demonios durante más de un día. Ha sido una dolorosa lección en su debut en el WGC Accenture match play. Cruel.
Rafa comenzó el pulso con decisión, sin pestañear. Tomó el mando del partido con muchísima autoridad. Ganó de forma consecutiva los hoyos 3, 4 y 5. Imponiendo su ley con un parcial de uno bajo par frente al tres sobre par de su rival.
Mantuvo la diferencia sin demasiados alardes. Fue salvando pares hasta que Day se colocó a sólo uno tras el hoyo 11. Cabrera concedía el hoyo. Sin embargo, lejos de tambalearse y dudar, el español sacó su mejor golf. Alta escuela. Eagle en el hoyo 13 y birdie en el 14 para volver a tomar una diferencia de tres. El 15 lo empataba con un nuevo birdie y el trabajo parecía que ya estaba hecho. Restaba empatar un hoyo para pensar en la siguiente ronda.
En ese momento, aparecieron las dudas y, por qué no, la tensión del debut. No es fácil cerrar los partidos en el match play y este duelo ha sido un nuevo ejemplo. Al canario le faltó instinto asesino. Encadenó tres bogeys consecutivos en el 16, 17 y 18 y se la tuvo que jugar en el desempate.
En el hoyo 1, Rafa, que es un jugador de una pasta especial, consiguió rehacerse y pegó dos tirazos. Se dejó una gran opción de birdie de poco más de tres metros. Pero su rival contestó con su mejor tiro del día. Dejó la bola a menos de un metro. Cabrera estaba obligado a embocar y casi lo consigue. La bola, para rematar un desenlace muy cruel, tocó el borde del hoyo y no quiso entrar. Doloroso.


