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Tambores de Ryder

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Las historias que se esconden tras la tercera ronda del THE PLAYERS

– Martin Kaymer y Jordan Spieth se han caido bien. El texano destacaba ayer cómo se le acercó el alemán, caminado por la calle del hoyo 11 y después de haber fallado un putt de birdie en el 10, para animarlo y quitarle hierro al asunto.

– Otra cosa es el público. Realmente y a juzgar por las declaraciones de uno y otro, los aficionados norteamericanos están mostrando el respeto debido en casi todo momento, pero también dejan bien claras sus preferencias a cada paso, en cada hoyo. Kaymer lo lleva con deportividad: «ya me pasó cuando gané el desempate de PGA a Bubba Watson, pero está claro que gran parte de los grandes torneos se juegan en Estados Unidos y aquí yo soy extranjero. Está bien. No pasa nada. Es un reto y ya sabes que va a ocurrir. El partido de hoy con Jordan me recordaba un poco a los individuales de la Ryder, pero jugando en suelo americano, claro».

– Al respecto, Spieth puntualizaba: «me encanta cómo afronta Kaymer el juego. En el 18, cuando ha fallado el putt algunos aficionados han apludido, y eso es algo que no le deseo. Pero él ha sonreído y se ha quitado la gorra con enorme clase».

– Justin Rose perdió sus opciones de victoria, remotas pero opciones al fin y al cabo, por una penalidad tan justa como kafkiana. Da la sensación de que el Universo se confabuló para castigar al inglés. Bueno, el Universo y David Probyn, árbitro y director de torneos del European Tour, que fue el que más empeñó le puso. La escena ocurrió en el hoyo 18. Cuando Rose apoyó su wedge en el suelo para aprochar desde el antegreen, la bola pareció moverse. “El suelo estaba tan blando, extraño, que al colocar el palo tuve una sensación rara, pero estaba convencido de que la bola como mucho había oscilado”, señaló Rose.

– Vieron las imágenes repetidas en la pantalla gigante del green del hoyo 18 y tanto Sergio como el propio Justin concluyeron que la bola no se había movido. Así que jugó sin reponer la pelota y firmó el par. Acababa así a cinco golpes de Kaymer y Spieth. Los árbitros revisaron las imágenes hasta en cuatro camiones de televisión diferentes. Una vez tras otra concluían que la bola no se había movido. Sin embargo, Probyn llamó al torneo desde su casa y aseguró que tras ver una repetición de la Sky él sí estaba convencido de que la pelota se había movido. Fueron al último camión, repasaron las imágenes con el máximo zoom posible y, efectivamente, comprobaron que la bola se movió. Dos golpes de penalidad para Rose, uno porque la bola se movió y otro por no reponerla. El inglés acató la sanción con la clase que le caracteriza. “Ahora tengo la conciencia más tranquila y me iré a dormir más a gusto a la cama. Creo que actué correctamente, ni yo ni nadie había percibido que la bola se hubiese movido hasta que llamó David Probyn. Se ha demostrado que tiene mejor vista que todos nosotros. No pasa nada. Es cierto que si hubiera pedido un ‘ruling’ en el hoyo 18 igual sólo habría tenido un golpe de penalidad, ha sido un error mío, pero creo que hice lo correcto porque el movimiento era casi imperceptible”. Tendrá su gracia ver el encuentro entre Rose y Probyn en Wentworth.

– El segundo golpe de Sergio en el hoyo 10 del sábado, pegando desde 160 metros (176 yardas) a una bandera escondida un soberbio hierro 8 y dejándose una opción de medio metro de birdie (que convertiría), fue sin duda una de las pequeñas proezas del día a juicio de todos los analistas.

– Visto lo visto, aunque luego nunca se sabe, al español le vendría bien que este domingo soplara el viento sobre Sawgrass, al menos tal y como lo hizo ayer.

– La boda secreta de Adam Scott con Mary, que engañó incluso a buena parte de sus invitados (envió invitaciones a una ‘garden party’, no a una boda), es la comidilla del lado rosa del torneo. Veremos si el australiano se regala hoy el Número 1 del mundo para estrenar con buen pie su nuevo estado. Necesita un puesto entre los 16 primeros y lo tiene a tiro.