
Fernández Castaño sólo falló un green (70 golpes)
Miguel Ángel Jiménez comenzó el Open Championship bufando como un expreso de alta velocidad en Muirfield. Birdies al 1, 2 y 3. De salón. Calle, green y putt cortito.
En el 4 (par 3) se marchó un poco largo y tuvo que aprochar. Su golpe, suave, fino, preciso, no entró de milagro. Chip prodigioso. El malagueño se quitó la gorra y la tiró al suelo como si se lamentara con rabia, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Y la grada, encantada. La coleta sigue dando espectáculo allá donde va. Vuelta de 68 golpes en la primera ronda del British y colocado en cabeza.
Miguel está a gusto desde que pisó por primera vez el duro terreno de Muirfield. Le van estas condiciones. Su drive rueda, rueda y rueda. Esta semana no tiene nada que envidiar a los grandes pegadores. El links escocés es su aliado. Disfruta jugando con el terreno, botando antes de green, dibujando los contornos camino del hoyo. Así fue sacando birdies como un poseso hasta alcanzar un espléndido resultado de cinco bajo en los primeros nueve.
Parece increíble que hace apenas cinco meses no supiera ni siquiera lo que iba a hacer este verano. Llevaba 60 días de recuperación tras la grave lesión que se hizo esquiando y empezaba a hacer bicicleta. Pero Jiménez volvió a dejar a todos con la boca abierta, comenzando por el médico que lo operó. “Perdóname, Dr. Oliver”, decía entre risas nada más terminar su vuelta al confesar que ha hecho más bien poco caso a sus consejos. Siempre fue un paso más allá de lo que exigía el médico, forzando su maquinaria de 49 años para volver a competir lo antes posible. “Soy un paciente muy malo, lo reconozco, pero es que no sé hacer otra cosa mejor que jugar al golf. En los demás soy un desastre, así que esto es lo que me gusta”, asegura.
Jiménez sufrió más por los segundos nueve. Hay sólo un par 5 y se está revelando como la mitad más dura de Muirfield. Además, con el viento del oeste que sopla hoy hay más hoyos con el aire en contra. Aún así, se las arregló para salvar muy buenos pares, como en el 18, tras hacer la recuperación desde el búnker.
Finalmente, una vuelta de 68 golpes que sólo puede sorprender a los que no conocen la fortaleza mental y el espíritu del jugador de Churriana. Incluso, un profesional como el francés Thomas Levet, segundo en el último Open Championship disputado en Muirfield en 2002 y que esta semana está haciendo labores de comentarista, lo esperó en la sala de prensa del British para darle la enhorabuena.
Miguel se quitó la gorra en el green del hoyo 4 ante un birdie que pasó rozando el hoyo y nos quitamos la gorra todos los demás ante su poderío.
Gonzalo Fernández Castaño (-1), premio a la paciencia
La gran actuación de la Armada esta mañana en Muirfield ha sido rematada por un gran Gonzalo Fernández Castaño (-1). El madrileño sólo ha fallado un green y su juego largo ha estado excelso. En todo caso, lo que más ha confortado al jugador madrileño ha sido la actitud. Porque el resultado bajo par no ha llegado hasta el final y, sobre todo, porque ha sufrido un horror en los greenes. «Me ha costado mucho al principio leer la velocidad de los greenes. Lo he pasado muy mal después de hacer cuatro putts en el hoyo 5 y tres en el 8. Por eso creo que la actitud es lo que me ha dejado más contento», señaló.
Como recompensa a su paciencia, incluso Muirfield le bendijo con un magnífico birdie en el 16, donde el jugador español tuvo que embocar un putt delicadísimo cuesta abajo. Jeff Paul, su caddie, confesaba después de la vuelta: «Gonzalo hoy debería comer, patear 20 minutos y largarse porque su juego de tee a green ha sido soberbio».


