Para jugar bien al golf, no hay que pensar. Cuando más piensas, peor”, aseguraba Carlos Pigem a modo de mantra en conversación telefónica con Ten Golf unas horas después de lograr la tarjeta del Asian Tour en un día agónico. Sentado en una sala de espera junto a una puerta de embarque en Bangkok, poco antes de emprender un largo viaje de vuelta a Barcelona, el golfista ilerdense de 35 años reflexiona sobre otra vuelta, la suya a la élite tras unos meses donde le ha pasado de todo. Y todo muy bueno. Se casó, empezó a trabajar con su padre en el sector empresarial y la restauración, aparcó el golf, lo recuperó, compitió sin entrenador, contrató a uno, se apuntó a la Escuela del Asian Tour, la pasó y ahora espera su primer hijo… Es innegable que le ha cundido el tiempo.
Todos sabemos lo que quiere decir Pigem sobre el binomio golf y darle muchas vueltas a la cabeza en competición. Es cierto que no suele traer muchas cosas buenas, sin embargo, precisamente el hecho de pararse y pensar es lo que le ha permitido amarrar su regreso al Asian Tour este domingo. Situamos la acción en el hoyo 14 del recorrido C&D del Lake View Resort de Hua Hin, Tailandia. Carlos viene de hacer bogey en el hoyo anterior y manda su salida al búnker. Situación crítica. Está uno sobre par en el día, fuera ya del puesto 35, la línea que marcaba la diferencia entre sacar la tarjeta o quedarse fuera.
“Estaba caliente por el bogey del hoyo 13 y al llegar al búnker casi me da algo. Una especie de shock. Un flashback brutal”, dice Pigem a modo de anticipo de una historia que parece sacada de un guión de televisión. En ese mismo hoyo 14, en ese mismo búnker, tiró la Escuela hace justo un año. La bola se le quedó mal, su segundo tiro pegó contra el talud y terminó por enterrar cualquier opción. De hecho, ni siquiera pasó el primer corte establecido tras el segundo día. Ayer, sin embargo, respiró profundamente y fue capaz de parar el tiempo. Pensó.
Recordó por la situación que había vivido el año anterior que en ese búnker había una tubería y que igual podría dropar sin penalidad. No tenía mucha esperanza, pero decidió llamar al árbitro. Esos cinco minutos que pasaron hasta que llegó a su posición fueron cruciales. Bajó las pulsaciones y, sobre todo, “volví a conectarme conmigo mismo”, admite. El árbitro le concede el alivio, pero le advierte: “No sé si es la mejor opción, ya que al estar en búnker lo normal es que la bola se te quede clavada”. Eso ya lo había pensado Pigem, pero tenía la solución. De nuevo, pensar, anticiparse. “Había algunas piedras sueltas en el búnker y decidí dejar caer la bola sobre una de ellas, tras rebotar en la piedra, la bola ya no se hundía”.
La maniobra provocó la admiración del árbitro. “Tu player es muy inteligente”, le dijo al caddie local. Su compañero de partido, el veterano estadounidense de 46 años, Berry Henson, también se lo aplaudió. “Mira, ya le he enseñado una cosa yo a él”, se decía divertido Carlos. Por cierto, Henson era también su compañero de partido hace justo un año, cuando la debacle. “Me suena esta situación”, le confesó durante el ruling con el árbitro. “Y tanto, como que el año pasado me pasó lo mismo y venías conmigo…”, le recordó el español. Increíble. Parecía aquello una señal divina.
Para rizar el rizo, Pigem vuelve a fallar el golpe y se estrella contra el talud. “No hay excusa, fue un tiro muy malo, la bola estaba perfecta”, admite durante la charla. La situación es aparentemente idéntica a 2024. Parece que es aquí donde se le va a escapar otra vez la tarjeta del Asian Tour y quién sabe si ya definitivamente su carrera como profesional. “No es que lo tuviera decidido, pero si no saco la tarjeta, es muy probable que lo hubiera dejado”, apunta.
La situación se parece mucho, pero hay una diferencia sensible: la actitud de Carlos. El año pasado se quitó el golpe de encima y no fue capaz de salir del bucle. Ayer consiguió calmarse, valorar las opciones y fue tomando decisiones equilibradas y bien razonadas. Lo iba a pelear. Es justo ahí cuando pega el mejor golpe de la Escuela. Está en el rough de la izquierda, con viento de la izquierda y la bandera en la izquierda. Tiene 115 metros. Todo o nada. Pega el wedge de 54 grados con un poco de draw (efecto de derecha a izquierda), para contrarrestar el viento y lo clava. la deja a metro y medio y la mete. Salva un par antológico.
Acto seguido firma un gran birdie en el 15, par 5 que alcanza de dos y tira dos putts desde siete metros. Mira los resultados y está convencido de que le hace falta un birdie, pero el juego no acompaña. Sufre para salvar el par en el 16 y vuelve a sufrir para salvar el par en el 17. “No jugué bien”, admite. Estaba sobreviviendo. El 18 es un par 4 muy duro. Pega driver y hierro 5 de dos. La deja a 13 metros. “La tiré a meter porque estaba convencido de que necesitaba el birdie. Todavía me pasé más de un metro. Tenía una vuelta cuesta abajo, con caída y viento a favor”, recuerda. La metió. Par. “Creo que la metí porque estaba convencido de que me había quedado fuera”, afirma.
Cuando firma su tarjeta está más allá del puesto 35, fuera del objetivo. Sin embargo, las condiciones estaban bravas y poco a poco fue cayendo la gente que tenía por delante. Finalmente, sale a un desempate de doce jugadores (tres partidos de cuatro) por ocho puestos. Nadie sabía lo que estaba pasando en los otros partidos. Vaya tensión. Hace par en el primero. Quedan siete jugadores para cinco puestos. Vuelve a hacer par en el segundo. Ya se lo confirman. Está dentro. Tiene la tarjeta. Alegrón. En el golf es mejor no pensar, pero a veces puede venir muy bien.
“Si hace un año me dicen que iba a pasar esto, no me lo hubiera creído”, apunta Carlos. No es que dejara el golf de manera consciente, pero sí lo apartó. Entre enero y mayo sólo jugó dos rondas de golf. Literal. “No tenía nada donde jugar, o al menos eso creía, y sinceramente pensaba que iba a ser una curva lenta hasta dejarlo definitivamente si las cosas no iban bien. Me puse a trabajar con mi padre. El golf pasó a un segundo plano”, señala.
Su perspectiva cambia en dos torneos. Juega el Challenge de España en Fontanals y el Challenge de Cádiz, en Sancti Petri. Sin entrenar pasa el corte en el primero y acaba quinto en el segundo con dos rondas el fin de semana de 68 golpes. “Ahí me doy cuenta de que sigue habiendo algo, lo sigo teniendo, y encima me entero que por mi categoría aún puedo jugar algunos torneos del Challenge y del Asian Tour”, señala. Ahora sí se pone a entrenar, por su cuenta, con lo que ha aprendido y sabe de su swing después de tantos años. Sin embargo, los resultados no salen. “Serán las expectativas o lo que sea, pero jugué muy mal”. Falla el corte en los tres torneos siguientes, dos Challenge y un International Series en Marruecos.
Por dentro, le siguen brotando las ganas de jugar. En agosto toma la decisión de disputar la Escuela del Asian Tour, pero decide prepararse más en serio. Quién sabe si es la última. Se pone en manos de Joan Bronchales y, aunque no deja de trabajar en los negocios de su padre, saca más tiempo para entrenar. Cada vez que puede. “Necesitaba tener una guía, no hacerlo por mi cuenta. Con Joan he empezado a sacar la cabeza”, afirma. Jugó bien los últimos torneos del Asian Tour, sobre todo en India y Arabia, y ahora ha sacado la tarjeta completa de Asia. El golf le da una nueva oportunidad o él se la da al golf. Lo mismo da.
“No he jugado bien en la Escuela”, confiesa. “Pero la he sacado adelante tirando de experiencia y huevos. Se trataba de no hacer barbaridades y así ha salido”, explica. Aproximadamente en 25 días espera la llegada de su primer hijo. Le ilusiona mucho volver al Asian Tour, pero de momento puede esperar. “Hablé con el CEO del circuito y le expliqué la situación. Aún no he tomado la decisión definitiva, pero quiero estar las primeras semanas con mi mujer y mi hijo en casa. Creo que hasta abril como pronto no voy a volver a jugar”, asegura.
Cuando Pigem ha hecho las cosas sin prisas, no le ha ido mal. Que le pregunten, si no, a ese búnker del 14. Ya habrá tiempo de jugar torneos. No es momento para correr, justo cuando se cumplen doce años de su primera temporada completa en el Asian Tour.


