No os voy a engañar. No está siendo nada fácil. Hace 15 meses, después de un gran inicio de año, estaba el 50 en la Race To Dubai, ahora mi realidad es que estoy sufriendo horrores para pasar un corte en el Challenge Tour. Apenas sumo 21 puntos en toda la temporada.
Mentalmente es difícil de gestionar. Semana tras semana ves que no eres capaz de sentirte a gusto en un campo de golf. Crees que estás haciendo todo lo necesario para darle la vuelta a la situación, pero los resultados no terminan de llegar.
Apenas he pasado dos cortes en el año, pero el mensaje que quiero mandar es que sigo peleando. Me mantengo con muchas ganas de darle la vuelta a la situación. Amo este deporte. Me encanta competir y la chispa sigue ahí. Me duele verme así, pero por falta de ganas y de horas de trabajo no va a ser. De hecho, os escribo estas letras desde el parking del campo de golf, con frustración, pero con la convicción de que espero poder dar con la tecla en mi juego.
A día de hoy, la parcela principal de mi juego que debo recuperar es el drive. No consigo tener buenas sensaciones con este golpe y comienzo siempre el hoyo con desventaja. Voy siempre a remolque y a la defensiva, así es difícil. Es vital recuperar esta faceta.
Sin intención de poner excusas, el origen de esta situación se deriva de una complicada lesión que tuve el año pasado en el cuello. Tenía constantes molestias en dos vértebras que resultaron ser una hernia discal. El cuerpo me pedía parar. Intentaba pegarle a la bola, pero a la hora de impactar me hacía un daño terrible. Sin embargo, yo no tenía muy buena categoría para entrar en torneos en el DP World Tour, estaba bien colocado en la Race y en marzo ya sumaba la mitad de los puntos para salvar la tarjeta y justo recibí una invitación para jugar en Bélgica. Decidí infiltrarme para jugar allí y seguir sumando. Prácticamente ese mismo día se me empezaron a dormir las manos y comencé a sentir hormigueos en el brazo. No podía jugar y tuve que retirarme del torneo.
A partir de ahí empecé un pequeño calvario de lesiones y recaídas. Estuve casi cuatro meses sin jugar y forcé para disputar el Open para el que me había clasificado en Australia. Más adelante hice lo mismo en Madrid y en Sotogrande. Me acabé haciendo más daño. Por suerte, ahora las molestias son menores y el dolor no me impide jugar. Sin embargo, durante los meses en los que tuve recaídas, para evitar las molestias fui adoptando ciertos gestos inconscientes intentando proteger el cuello. Hacía unas correcciones en el último momento que poco a poco han ido apoderándose de mi swing y aún son un lastre.
Por decirlo de algún modo, es como un recuerdo emocional. Yo a la hora de golpear no tengo miedo, voy con todo, pero en el momento del impacto mi cuerpo recuerda lo que ha sufrido y acabo bloqueando el golpe y la bola sale disparada hacia cualquier parte. Además, esta situación me acaba generando mucha tensión articular y salen otras dolencias. Lógicamente, el resto de mi juego también se ha visto ‘contagiado’.
Llevo meses trabajando en ello. He viajado dos veces a Estados Unidos, a Dallas, a ver a Chris O’Connell, el entrenador entre otros de Andrea Pavan y Matt Kuchar, para arreglar estos problemas con el swing. Es muy frustrante. Cuando estoy con él recupero esas buenas sensaciones, le pego a la bola como quiero y estoy muy cómodo. Tengo claro qué es lo que tengo que hacer y recupero la ilusión. Pues bien, es ponerme en el tee del 1 del siguiente torneo y el bloqueo en el cuello vuelve. Mi cuerpo me recuerda por lo que ha pasado. ¿Cómo solucionar esto? He ahí la clave de todo. Mucho trabajo técnico y mucho trabajo mental. Lo dicho, por ganas y horas de trabajo no va a ser.
Ahora el Challenge para dos semanas y me planteaba volver a Dallas a ver a Chris, pero creo que también necesito desconectar mentalmente y disfrutar un poco con mi mujer y mis hijas. No es fácil gestionar la situación de fallar cortes una semana sí y la otra también. Nos vamos unos días a descansar juntos y a resetear. Llevamos la mitad de la temporada y es verdad que no ha ido nada bien, pero también es cierto que todavía queda mucho año por delante.
Por cierto, no quiero despedirme sin felicitar a Joel Moscatel por su segunda victoria del año. Es impresionante lo bien que está jugando, pero os diría que no es lo que más me llama la atención. Esta última semana en Francia hemos compartido apartamento y he podido ver de primera mano lo bien que trabaja. Es un gran profesional que, además, tiene la cabeza muy bien amueblada y está psicológicamente más que preparado para afrontar lo que le viene por delante. Ya me hubiera gustado a mí tener su cabeza a esa edad. Lo dicho, ¡enhorabuena, y ojalá te lleguen mucho más éxitos pronto, te lo mereces!. Yo, mientras, seguiré trabajando para que las próximas letras que os escriba sean más alegres.



