Cuando el llamado task force team estadounidense de la Ryder decidió proponerle a Keegan Bradley la capitanía lo hizo a sabiendas de que el jugador quería luchar por meterse en el equipo de 2025. Desde luego, tal y como dejaba entrever el propio jugador ayer en la rueda de prensa del ganador del BMW, todas las partes lo tenían claro al respecto y la postura del task force fue clara: no hay problema.
Además, en el momento de tal proposición (finales de junio de 2024, pues se hizo público el nombramiento a principios de julio), Bradley marchaba moderadamente bien colocado en el ranking de la FedEx Cup (estaba, por ejemplo, en el puesto 35º después del US Open) y podía ocurrir lo que luego ha ocurrido, que llegara meterse en el último play off e, incluso, pudiera luchar por la victoria en la FedEx Cup.
Ayer, en la citada rueda de prensa, un exultante Bradley se reafirmaba en sus intenciones. “Me encantaría ser capitán y jugador. Va a ser muy difícil para mi entrar en ese equipo, pero si entro, jugaré”, dijo. Lo importante del asunto, no es tanto que un capitán salga a jugar un fourball el viernes, y sí el orden de prioridades que debe establecer durante los meses anteriores a la competición. Y en ese orden, por lo visto, aparece muy arriba, si no en el primer lugar, el objetivo puro y duro de meterse en el equipo, como uno más, quizá por encima de los quehaceres rutinarios de un capitán.
Por lo menos, también aclaró que no se veía incluyéndose “a sí mismo en las elecciones del capitán”. Pero incluso ese punto habría que verlo llegado el momento: ¿no se elegiría Bradley si se quedara justo fuera de los seis primeros nombres que se ganan la plaza por derecho propio y considerara que su nivel de juego es sobresaliente?
Él mismo, de alguna manera, se ha dado cuenta de que su victoria en Castle Pines, Colorado, y la obligación que tiene ahora de centrarse absolutamente en tratar de ganar la FedEx Cup y de meterse en el equipo de la Presidents Cup (si lo hace bien en el Tour Championship, a ver cómo lo deja fuera Jim Furyk de sus seis elecciones), eran factores con los que en realidad no se contaba. “Uno de mis objetivos era formar parte del equipo de la Presidents Cup, así que ya veremos”, ha dicho. Y concluía: “Espero no haberles arruinado los planes a todos, pero estoy orgulloso de que me estén considerando”. Es muy significativa esa sentencia: espero no haberles arruinado los planes a todos. Aunque se dijera, incluso, entre bromas y veras.
Es una evidencia que la negativa de Tiger a liderar el equipo estadounidense de 2025 situó al task force en una posición de ciertas urgencias, y de alguna manera hubo que improvisar. Sí, improvisar. Pero alguien no ha hecho bien los cálculos con la capitanía de Keegan Bradley. Digámoslo alto y claro: a nadie realmente, en el bando de las barras y estrellas, le haría gracia que Keegan Bradley fuera capitán y jugador, más que nada por todo lo que implicaría en los meses y semanas previas a la disputa de la Ryder, con un capitán absolutamente centrado en sus cuitas y no las del equipo.
Probablemente se daba por hecho que su paso por los play offs de este año sería poco menos que testimonial y que su afán por meterse en el equipo de la Ryder no dejaba de ser una quimera, un delirio que la cruda realidad, la terrible competencia, y sus nuevas responsabilidades como capitán echarían abajo enseguida. Pero entonces viene Bradley y hace lo que ha hecho a lo largo de toda su carrera cada cierto tiempo: recordarnos que está ahí, que siente que puede estar a la altura de los mejores y que, de hecho, lo está en muchas ocasiones.
Digámoslo de otra manera. A la hora de calibrar la candidatura de Keegan Bradley pesó mucho más el hecho de que sólo hubiera estado dos semanas dentro del top ten mundial en toda su carrera a que haya estado 402 semanas dentro del top 50 (cerca de ocho años, en conjunto), un registro al alcance de poquísimos jugadores. A este tipo siempre se le ha hecho de menos.
Lo normal es que Keegan Bradley, en efecto, no consiga meterse en el equipo de la Ryder por sus propios medios. Pero la situación se puede poner más tensa (o divertida, según se mire) si, por ejemplo, consigue ganar o muy buenas clasificaciones en los primeros designados (y Grandes) de la temporada. ¿Hay alguien que se atreva a asegurar que no va a ocurrir?




El tema queda asi: Bradley quiere ser el niño en el bautizo,el novio en la boda y el muerto en el entierro.