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La última entrada del blog de David Durán al regreso de la Final del Challenge
Una vez hemos regresado de la Final del Challenge en Dubai podemos confirmar la estimable tendencia del European Tour a cuidar, proteger y promocionar su circuito menor.
La idea es que, con sus evidentes limitaciones, tenga aún más vida propia, su particular entidad y forma de ser reconocido.
Es de cajón. De este modo resulta un producto más ‘vendible’ a los espónsores. Y al final lo uno redunda en lo otro y esto en aquello: con más y mejores espónsores y, por tanto, bolsas de premios más suculentas, casi automáticamente mejora la calidad de los participantes, de tal manera que es más ‘sencillo’ atraer a los espónsores…
Creo, no obstante, que debiera haber algún vaso comunicante más entre la primera y la segunda división del golf europeo, para hacer aún más atractivo el producto a las jóvenes estrellas. Ya los hay, pero podría irse aún más lejos. Por ejemplo, a día de hoy, el jugador del Challenge que consigue tres victorias en la temporada tiene derecho a dar el salto al European Tour, y quizá sería un buen señuelo acortar el objetivo a sólo dos victorias.
Alguna otra medida: conceder la tarjeta del circuito a los mejores amateurs del ranking mundial cada año (al top-ten, por ejemplo). Algo así como una invitación anual a cada uno de ellos.
Y alguna más. Tal y como están dibujados los calendarios a día de hoy, los tres primeros jugadores del ranking final de la temporada en el Challenge podrían tener una plaza asegurada en los dos últimos torneos de las Series finales del circuito europeo (Turquía y la Final de Dubai), sin restar plazas a los miembros del European Tour, simplemente sumándose a un field que es reducido. Sería un magnífico premio final para estos jugadores (torneos millonarios sin corte) y dotaría de mayor emoción todavía a la Final del Challenge, con este objetivo en juego.


