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– Que no, que no se trata de pedirle a la Junta de Andalucía que se gaste el dinero a la buena de dios para regocijo de un puñado de aficionados al golf.
– A ver si nos enteramos: el turismo de golf en Andalucía es una de las indiscutibles locomotoras de la economía de la región. El gobierno socialista tardó lustros en reconocerlo, pero terminó haciéndolo.
– Y no estamos hablando de una actividad económica sumergida e ilegal que tenga que ver con el tráfico de tabaco, de hachís o con plantaciones camufladas de marihuana en el corazón de la sierras de Grazalema y
Cazorla…
No. Se trata de una actividad legal. Legítima. Productiva y generadora de trabajo como pocas en un amplio espectro de parcelas (hostelería, restauración, inmobiliaria, viajes…).
Dicho lo dicho, insisto en que sólo las audiencias televisivas millonarias del golf en el Reino Unido ya rentabilizan la inversión, aunque a simple vista parezca una frivolidad irresponsable gastarse unos millones de euros por mantener el golf de élite en el sur de España.
– ¿Cuántos millones? El año que más dinero gastó la Junta en la esponsorización de torneos del circuito europeo fue 2010. La suma ascendió entonces a algo menos de cuatro millones y medio de euros. Se disputaron el Open de Andalucía en Málaga (algo menos de un millón), el Open de España en Sevilla (medio millón de subvención) y el Andalucía Valderrama Masters (tres millones). Un dineral, desde luego, pero a mí no se me ocurre un modo más sencillo, directo y barato de comprar una fórmula publicitaria y de marketing que cuide con semejante eficacia ese negocio fundamental que es el turismo de golf en Andalucía.
Es posible que exista, pero a mí no se me ocurre. Y a la Junta de Andalucía, mucho menos. De hecho, esta es la gran encrucijada en la que anda parado y confuso todo el puto país: la escasa o nula capacidad de nuestra amplísima y estupidísima clase política para trazar estrategias eficientes.


