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Aprovechando la celebración del US Open en Merion Golf Club esta semana, propongo un interesante viaje al pasado y, de paso, a la vertiente infernal del golf.

Cuando esta semana vean ustedes pegar a quien sea desde el tee del hoyo 1, sitúen allí mismo esta pequeña historieta, real como la vida misma.
Tal y como ya les hemos contado en esta misma página, Merion recibió por primera vez un gran torneo en 1916. Fue el US Open Amateur. Allí se encontraba por primera vez un jovencísimo Bobby Jones (tenía 14 años), que había deslumbrado antes a todos con un 74 de locura en las rondas de clasificación. Ayer, como hoy, el formato de este torneo era match play y Jones había quedado emparejado en primera ronda con Eben Byers, ganador del US Open Amateur en 1906, y que contaba por entonces con 36 años de edad. Ambos pegaron en el tee del hoyo 1 y salieron caminando hacia adelante. El paisaje no ha debido cambiar mucho después de 97 años, o al menos las distancias, pues este es de los hoyos que menos se ha tocado (hoy sigue siendo un par 4 corto de unos 320 metros de longitud). Inmediatamente, mientras salían del tee, Jones ofreció gentilmente goma de mascar a su rival… Una muestra de candidez que no conmovió a Byers: había fallado el tiro de salida y no estaba para ‘chucherías’. Por supuesto, declinó el ofrecimiento.
Fue solo el banderazo de salida a un partido áspero y abrupto. Byers no terminaba de afinar y Jones, que tampoco estaba jugando demasiado bien, sacó a pasear ese monstruito que llevaba dentro (los biógrafos del gran campeón no se han cansado de describir la irascible personalidad que mostraba en sus primeros años). Resultado: los palos de uno y otro volaban de aquí para allá… Jones terminó ganando el duelo y tiempo después recordaría: «creo que la principal razón de mi triunfo fue que él se quedó antes sin palos…».
Bobby Jones fue dándose cuenta de que así no iba a ningún lado. Necesitaba contener los aludes de ira y frustración si aspiraba a sacarle partido a su inmenso talento. Así que inició un largo y complicado viaje de conversión.
Cuando Merion volvió a recibirle ocho años después, en 1924, ya era todo un gentleman del deporte. «Bobby te hacía sentir como si estuvieras jugando con un amigo, y realmente lo eras», explicaba tiempo después Gene Sarazen.
Taponado el volcán, Bobby pudo focalizar todas sus energías en el juego y ganaba en Merion (1924) su primer US Open Amateur, batiendo en la final por 9 y 7 a George Von Elm. Unas diez mil personas, cuentan las crónicas de la época, siguieron aquel partido, y una cifra parecida de espectadores siguió la semifinal entre el propio Jones y el gran Francis Ouimet, que el primero resolvió por 11 y 10 (entonces, todos los partidos se jugaban a 36 hoyos).
Sin embargo, según han estudiado también los biógrafos del genio de Atlanta, aquel esfuerzo mastodóntico y continuado por reconducir sus instintos, terminó provocando en el jugador un desgaste brutal que, incluso, fue minando su salud. El volcán, en efecto, había sido taponado, pero no estaba extinguido. Por eso, Jones acababa realmente exhausto casi cada vuelta de competición.
Como ya es bien sabido, en 1930 completó en Merion, otra vez Merion, su Grand Slam, ganando allí el US Open Amateur después de haber hecho lo propio meses atrás en el British Amateur, el British Open y el US Open. Ese había sido su gran objetivo en las últimas temporadas y al fin lo tenía.
Así pues, no es extraño que allí mismo, en los vestuarios del Merion Golf Club que hoy casi se conservan como entonces, inmediatamente después de ganar en la final a Eugene Homans por 8 y 7 (*) confesara por primera vez de un modo elocuente su inminente retirada de la alta competición. Llegó al locker-room y se desplomó junto a Jimmy Johnston, otro legendario golfista amateur que había ganado el US Open Amateur el año anterior en Pebble Beach (1929), con el archifamoso golpe desde el mar (esa es otra historia). Jones le dijo a Johnston: «¿Qué diversión saco de estos torneos? Ninguna. Este es mi último campeonato amateur. Desde hoy he terminado con el golf de competición. La presión del golf está arruinando mi salud, está entorpeciendo mis ambiciones en los negocios y estoy harto de todo esto».
Merion, entonces, fue testigo mudo de la irrefrenable impaciencia del jugador más especial y con más talento bruto de toda la historia del golf, de su costosa y trabajada templanza y, finalmente, de una capitulación causada por la presión de ser el mejor cada día, en cada golpe: Bobby Jones se sentía un viejo prematuro con sólo 28 años y unos meses después, en diciembre de 1930, anunciaba su retirada definitiva. «Al fin sentí las maravillosas sensaciones de liberación y relajación que había deseado tanto durante tanto tiempo», explicaría.
(*) Una explicación obvia, pero necesaria: la placa que hoy recuerda el lugar exacto donde Bobby Jones cerró su Grand Slam se encuentra en el hoyo 11 del Merion Golf Club, porque ganó la final a Homans por 8 y 7, precisamente en el hoyo 11.


