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Atardecer en Agadir

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Faltan 1.180 días

Apoyado en la baranda de la terraza de mi habitación de hotel en Agadir.

Esto es exactamente lo que veo (FOTO). Los atardeceres nunca son lo que se dice alegres. Y uno se pone tontorrón y melancólico. Puede que incluso se asome una lagrimilla añorando aquel otro momento de paz infinita. O recordando a un hermano que se murió. Porque los atardeceres, yo no sé por qué, siempre esconden un filo de muerte.

Pensaba yo apoyado en la baranda qué escribir en el blog. Gonzalo Fernández Castaño se merece un panegírico. Pero no estoy católico y se me va derramar gris y fofo.

Así que recurro al libro que me he traído para este viaje a Marruecos, viaje de golf en el campo de las mil y una noches, que hasta parece que sabemos francés cuando lo decimos: Golf du Palais Royal (y es una pena que no podáis quedaros con mi pronunciación).

El libro. ‘Todo lo que era sólido’, de Antonio Muñoz Molina. Absolutamente imprescindible, diría yo, en estos tiempos. Trasciende al fin a las dos españas y a los burdos bandos, sea cual fuere el suyo, que queda bien claro. Y le pega fuerte y flojo a esa lacra bestial que es nuestra clase dirigente, los políticos de nuestras entretelas que no dejan de repetirnos que la mayoría de ellos son magníficas personas y aún mejores profesionales. Y una mierda.

Y aunque duele que a Muñoz Molina sólo le asome el golf a la boca para acordarse de dudosas o corruptas promociones inmobiliarias, lo cierto es que parecía imposible que alguien pudiera describir con semejante conocimiento y precisión el escenario cruento y vil que es nuestra sociedad en cuanto aparece un señor con cargo público.

La noche gana terreno definitivamente y apuro una página más antes del Francia-España. Alé, alé, don Vicente y compañía.