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Cañi, a golpe de cincel

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Alejandro Cañizares no puede ocultarlo, aunque quiera: intuye que anda cerca de su deseadísima segunda victoria en el circuito europeo. ¿En Abu Dhabi? Pues seguramente no. ¿Dentro de un mes? ¿De dos? Mejor no darle vueltas al asunto. Ha decidido concentrarse en cada uno de los cientos de miles de golpes de cincel que terminan por descubrir la figura imponente de mármol…

Porque lo suyo consiste en eso, en destapar a un jugador que sea de piedra. Duro, sólido. A uno que probablemente lleva dentro. Y no es una opinión gratuita y cogida con alfileres, sino más bien un comentario generalizado en el mundillo: “el día que vuelva a ganar, mucho ojo con Cañi”.

Miguel Ángel Buonarroti despachó su ‘David’ en dos años y cuatro meses, trabajando a golpe de cincel (uno a uno) una media de quince horas al día, según nos cuenta nuestro estimado Google. Enfebrecido de pura pasión. A Cañi, aunque no lo parezca, también le brillan los ojos, pero es precisamente ahora cuando no quiere caer en la trampa de la precipitación ni asomarse al balcón de las expectativas.

Cañi valora como oro en paño los pasos que cuidadosamente, casi de un modo imperceptible, está dando en el farragoso terreno de la actitud. El modo de pensar en el campo. Y así, a golpe de cincel (uno a uno), en cada vuelta, en cada sesión de prácticas, trabaja la piedra. Hasta que la obra pueda ser vista y admirada desde todos los ángulos, pulida y recia.