Inicio Blogs David Durán De la Riva, el juego corto y la paradoja holandesa

De la Riva, el juego corto y la paradoja holandesa

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Ha sido una sentencia mil veces repetida en el circuito, sobre todo por los jugadores españoles: «el día que Eduardo de la Riva recupere un poco mejor alrededor de green y patee un poco mejor, sólo un poco mejor, se va a hartar de ganar dinero en el golf profesional».

Como idea general encierra mucha verdad, aunque siempre se pueda puntualizar: en 2013 se metió en la Final de Dubai y sumó casi seiscientos mil euros siendo uno de los peores recuperadores del circuito (puesto 141º en esta estadística) y el peor pateador (puesto 184º). Quiere esto decir también que a lo largo de unas cuantas semanas al año le basta con ser el mejor de tee a green. Hasta cierto punto lógico y normal cuando realmente eres tan bueno, como es su caso.

Hace ya un tiempo que trabaja casi de modo autodidacta después de muchos años a la vera de Román Tayá (en realidad, Eduardo siempre ha tenido un ramalazo autodidacta de genio de la lámpara), y este año se puso a trabajar de firme en su juego corto. Digamos que hay luz al final del túnel, según dictan los fríos números: en 2015 ha mejorado sensiblemente sus estadísticas de recuperación y de putt. Concretamente, a día de hoy muestra un nivel algo superior por encima de la media del circuito en sus estadísticas de recuperación alrededor de green (puesto 72º), lo que en su caso son más que buenas noticias. También ha mejorado en todas las estadísticas de putt.

Sin embargo, como si el golf se riera de nosotros cuando se bucea en busca de explicaciones, esta semana en Holanda, que ha sido probablemente su mejor actuación como profesional en el circuito europeo, resulta que volvía a ‘los orígenes’: tan solo sacaba adelante en el Kennemer Golf un 23 por ciento de las recuperaciones…  pero es que sólo tuvo que afrontar nueve en 72 hoyos (2/9) y, además, fue el segundo mejor del torneo en la estadística de putts en greenes en regulación (1,609), una novedad maravillosa.

El análisis, no obstante, debe ser más amplio y no cabe duda de que, a sus 33 años, Eduardo de la Riva avanza paso a paso hacia un equilibrio que hará de él un jugador realmente completo que se asome más veces a lo largo del año a la terna final de candidatos al triunfo.