– No se entiende por qué el Real Club de Golf La Herrería, escenario del Challenge de Madrid recién finalizado, no es centro de peregrinaje de golf. Cómo no llegan en permanente caravana ingleses, suecos, alemanes y americanos… Quizá entonces perdiera parte de su encanto, no lo sé.
Es una joya no suficientemente conocida y voceada. Un campo cuajado que relaja el espíritu y predispone al reto del juego, una experiencia completa. Es un viaje a un pasado del golf ya inalcanzable, irrepetible, aunque ‘sólo’ cumpla este año los cincuenta.
La gracia y el picante del asunto, además, es que esta semana ha demostrado ante los profesionales del Challenge Tour, que no son precisamente unos cualquieras, que no es solo una sucesión de postales, un solaz paseo entre robles imponentes. Tiene su orgullo. Sabe defenderse. Veremos cuántos torneos del circuito se ganan este año con un resultado de ocho menos…
– La estampa del ganador, Duncan Stewart, con la bolsa al hombro (ni carrito ni gaitas) no es única en el Challenge Tour, pero siempre resulta tan extraña como refrescante, sobre todo viniendo de quien finalmente venció a todos los demás.
– El disparo de Pep Anglés desde la calle del 18, el domingo, nos da algunas pistas. Fue derechito a por un bandera con cierta guasa, esquinada. Necesitaba embocar para salir a un desempate, o bien el birdie para alcanzar la segunda posición, o simplemente ponerla en green para tratar de asegurar el tercer puesto. Y él contempló desde luego las dos primeras opciones…



