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En la trastienda de Rafa

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– El equilibrio. Nada que tenga que ver con su profesión, el golf, es lo suficientemente grave como para hundirlo en la miseria, ni lo suficientemente maravilloso como para hacerle perder la cabeza.

– Más que canario, a veces parece gallego. Muy al estilo de Gómez Noya o David Cal. Estás hablando con él segundos después de haber firmado un 64 y bien pudiera ser un 71. Contento está, por supuesto, pero siempre con el paraguas abierto de puertas hacia afuera. Olazábal es el perfecto modelo en este sentido. Lo más probable, en todo caso, es que el estereotipo del canario no sea el adecuado, que es lo que suele ocurrir con los estereotipos…

– Conservador. Difícilmente veremos a Cabrera Bello adoptando medidas radicales de un día para otro y más o menos llamativas: ahora cambio el driver, ayer el putter, mañana los wedges y el caddie, hoy pongo una varilla nueva y pasado mañana otra…

Él es más de pensar que el problema puntual quizá sea del arquero y no de las flechas. Y suele buscar y trabajar con bastante rigor y orden en esa línea. Nunca hay que cerrar las puertas a otras vías, métodos o material, y seguro que Rafa tiene margen de mejora en este punto, pero modestamente opino que su percepción general de la realidad de su deporte es la acertada. O la más eficaz.

– El golfista profesional español suele caer de manera regular en dos tentaciones: pierde demasiado tiempo pensando que hay muchos jugadores que son peores que él y a los que sin embargo les va mucho mejor, o bien se considera directamente una piltrafa. Rafa, sin embargo, no dedica demasiada atención a este tipo de distracciones.

– Por ponerle un ‘pero’ a una carrera muy bien llevada, trabajada y madurada dentro de sus posibilidades: a veces, de tan pragmático que es, se le olvida soñar a lo grande.