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Rory McIlroy es todo un señor Número 1 del golf mundial.
Pega a la bola como nadie y no hay más que hablar, a pesar de las fatigas que viene padeciendo en el inicio de 2013. Pero esta posición se defiende también fuera del campo de golf. No en vano, al Número 1 se le pide opinión acercas de casi todo. Y ahí hay que andar fino y mostrar personalidad.
En este sentido el joven norirlandés también comienza a impartir lecciones. La imagen que uno tiene (tenía) de él es la de ese chico que llega tarde al campo un domingo de Ryder. Jugón y despistado. A lo suyo, más que nada. Pero esta semana, en Florida, no ha tenido problemas para defender la postura del R&A y la USGA respecto al belly putter. No lo ha hecho en terreno neutral, o desde su querida Irlanda, sino en suelo americano, donde la mayoría defiende lo contrario. No ha sido políticamente correcto y se agradece. Y para colmo ha defendido su opinión con elegancia y sabiduría.


