
Sevilla, Triana, calle Pureza. Hago tiempo en una taberna cenando un par de tapas antes de ir a una tele local para una tertulia futbolera. La especialidad es el pollo frito. Lo pruebo. Pse…
Me he hecho fuerte en una repisita, fuera, sobre la misma acera. A mi lado, una pareja. A mi lado es a mi lado, químicamente. Él está más cerca de mí que de ella. Le cuenta que le ha salido fatal un examen, no consigo saber de qué.
Ella me pide fuego, se enciende el cigarro y me devuelve el encendedor con una mano mientras con la otra pellizca tiernamente el moflete izquierdo de él.
– Ay, mi botijito. –Dice.
Él me mira avergonzado. Y yo me asomo distraído y pido mero, que no me apetece nada.
Es más: es la primera vez en mi vida que pido mero. Soy carnívoro.
Tanto botijo y tanta leche.


