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K Club: donde todo comenzó

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Tengolf acaba de cumplir nueve años justo ahora que el circuito europeo regresa al K Club, con motivo del Irish Open. Ambas situaciones no tienen demasiada relación, aparentemente, así que se hace necesaria una explicación.

Porque Tengolf ha soplado nueve velas el pasado abril, pero realmente fue engendrado unos meses antes en el K Club, durante la disputa de la Ryder Cup de 2006 en el recorrido irlandés. Fue allí, caminando por aquel piso de chocolate (qué manera de llover), donde Alejandro Rodríguez y un servidor modelamos por primera vez la forma de este medio que finalmente vería la luz siete meses más tarde.

Fue allí donde de verdad decidimos que el golf podía ser contado de otra manera. O digamos mejor a nuestra manera, para no resultar arrogantes. Fue allí donde decidimos que había que meterse dentro de las cuerdas, porque desde ese enfoque podían contarse historias alucinantes más allá de los aburridísimos tópicos e injustos sambenitos que cuelgan de este deporte.

Desde dentro de las cuerdas. Esa ha sido siempre la obsesión. Después, unas veces se llega y otras no.

Yo diría, para ser más exactos, que Tengolf se hizo carne durante el tiempo (¿unas cuatro horas?) que tardaron Sergio García y José María Olazábal en dar buena cuenta de Phil Mickelson y Chris Di Marco en los fourballs del sábado.

Fue allí, en el K Club. Pero no sólo allí. Algo se cocería también, digo yo, en los pubs y tabernas de Dublín, donde tenía lugar el tercer tiempo después de cada apasionante jornada, al calor del pop-rock en vivo y de alguna que otra pinta.  No muchas, señores, que había que madrugar. Somos gente seria…