Nunca sabremos qué hubiera pasado de haberse jugado el Alfred Dunhill Links a 72 hoyos, aunque da la sensación de que la candidatura de Robert MacIntyre, ganador a 54 hoyos, hubiera sido la favorita igualmente. Y, afortunadamente para el jugador escocés, tampoco sabremos nunca qué hubiera pasado si MacIntyre hubiera podido preparar el torneo con sus rutinas habituales de trabajo: rondas de práctica, sesiones de gimnasio, dieta adecuada, etcétera, etcétera. En realidad, tanto él como su equipo de trabajo tenían claro que sería una semana peculiar y más relajada en todos los aspectos. Venía de jugar y ganar la Ryder Cup, así que aterrizaba en el torneo el miércoles por la tarde y lo único que hizo fue jugar doce hoyos en el Old course de St. Andrews…
“Para ser sincero, no sé de donde saqué la energía después de la Ryder. A veces, cuando menos te lo esperas, pasan cosas”, señalaba después de ganar. “Esta semana literalmente no tenía expectativas. Siendo honesto, no tenía ninguna preparación. Hice todo lo que no haría en una semana normal. Llegué aquí el miércoles por la tarde y jugué unos 12 hoyos en el Old Course. No he hecho mi trabajo habitual en el gimnasio. No he comido bien. Así que, sí, he hecho todo lo que iba en contra del manual. He consumido mucha comida para llevar, mucho fish and chips y cosas como esas”.
Nunca sabes, en efecto, cómo y cuándo vas a recoger el fruto de un trabajo bien hecho. Porque sobra decir que el escocés, muy al contrario de lo que ha ocurrido esta semana en su tierra, lleva ya mucho tiempo afinando cada vez más su método de trabajo y elevando las expectativas y los objetivos. Hoy, con 29 años cumplidos el pasado mes de agosto, lo tiene muy claro al respecto: “Ya no es ningún secreto. Un Grande es lo que necesito o lo que quiero. Pero mira, si juego todos los grandes durante los próximos diez años, tengo cuarenta posibilidades, y espero que alguno pueda ganarlo. Y si lo consigo más pronto que tarde, a lo mejor le añadiremos más”, señalaba.
Desde luego, no le ocurrirá nunca en la semana de un Grande lo que le ha pasado en ésta en el Alfred Dunhill Links. No llegará nunca un miércoles y apenas jugará doce hoyos; tampoco descuidará la alimentación ni el trabajo en el gimnasio; y mucho menos acudirá a la cita sin ninguna expectativa. Es la gran paradoja del golf y de la vida, pero es como tiene que ser. Y es obvio que MacIntyre no ha ganado el Alfred Dunhill Links gracias a todo lo que ha dejado de hacer esa semana en concreto, por unas circunstancias absolutamente especiales, sino más bien gracias a todo lo que ya venía haciendo desde hace mucho tiempo.



