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Lágrimas (aunque no broten)

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Lloró emocionado Jason Day después de tirar el primer putt en el gren del 18 de Whistling Straits. Estaba hecho.

Volverá a celebrar Day un triunfo en un ‘major’, seguro, pero será esta imagen la que no olvidemos. Y no porque sea su primer Grande, sino porque lloró. Así somos. ¿Primarios, ñoños, sentimentales?

Es como si las lágrimas tatuaran a tinta y fuego los recuerdos. Lágrimas de Olazábal en Medinah («for him»). Las de Severiano en Royal Lytham, 21 de julio de 1979, que se había olvidado de llorar nada más embocar el último putt que sellaba la victoria en su primer Grande, pero que se rompió cuando sus hermanos lo abrazaron.

Las de Marco Tardelli, que lloró al mundo el segundo gol de Italia en la final del 82 como ningún deportista ha llorado nunca nada (y aunque todavía nadie sepa si de verdad llegó a derramar una sola lágrima).