
Vuelta a la misma cantinela. Creo que la entono cada doce meses, casi clavadita. No es que el Portugal Masters rezume tradición, leyenda y épica. Pero, cómo decirlo, aquí nos sentimos como en casa.
Hace unos años el toro gastaba un trapío mayor. Bolsa de tres millones de euros y esas cosas. Así que se dejaban caer más pesos pesados. Hoy no es que vaya mal el asunto, tal y como anda la situación (hoy salimos de la crisis, mañana pringados hasta el cuello), pero no es lo mismo. No obstante, siempre encuentras alicientes.
José María Zamora, director del torneo, nos anuncia agua en cascada el jueves y el viernes. Vaya. Mientras llega o no llega el aguacero, si ustedes me lo permiten, disfrutaremos de los pastelitos de Belem que engullimos de dos en dos cada mañana.
O asomándonos, casi desde la misma puerta de la sala de prensa, a la calle del 9 del Oceánico, a ver quién es el afortunado que lleva su bola a unas moñas que han ‘aterrizado’ como aliens en la parte izquierda de la calle (juraría que el año pasado no estaban). (Ver foto).
Un retiro semanal en un apartamento vetusto, pero limpio. Unos paseitos nocturnos por la Marina de Vilamoura y regreso al mismo karaoke, asomándonos desde fuera, sin llegar a entrar, que uno va cumpliendo años, para saludar al señor que cada día despedaza ‘My Way’.


