
Faltan 701 días
Estamos esperando a cruzar la calle del hoyo 18 y por delante, a apenas una docena de metros, pasa Tom Watson.
Por primera vez desde su bestial correría de Turnberry 2009, como una aparición fugaz que se me clava, este hombre parece que tiene la edad que tiene. Hoy, muy cerca de cumplir los 65 años. Tan compacto como es y viene caminando algo encorvado y con pasitos cortos. Con la boca entreabierta y la mandíbula inferior balanceándose de una maera casi imperceptible de un lado a otro. De nada sirve que lleve un guante azul fosforito que hasta a Rickie Fowler le costaría enfundarse. Completamente absorto. Ido. Pensando y sólo pensando, supongo, cómo jugar el siguiente golpe.
Es una burrada. Sobre todo cuando uno comprueba que viene +1 en el día después de fallar casi la mitad de los greenes y más de la mitad de las calles.
Más difícil todavía: el señor Watson había salido hoy a jugar con la sana intención de ganarle al campo. El DNI, o lo que sea que lleven en los States, se había quedado en el vestuario. Con lo que me ha costado a mi hace un par de hoyos agacharme a atar los zapatos…


