
Faltan 866 días
Luis tenía a los suyos. Yo no era uno de ellos. Coincidí con él de un modo más directo en su segunda temporada como entrenador del Sevilla (94-95) y en el año que dirigió al Betis (97-98)…
También, de un modo no tan directo, en los primeros noventa, cuando él trabajaba en su Atleti y ganó con los colchoneros aquella Copa en el Bernabéu.
No, yo no era uno de los suyos. Pero en la redacción de Marca de Sevilla dispuse de un arma infalible para doblegar su voluntad: Mariano. Mariano Martín Benito. Él sí era de los suyos. Porque era igual de llano que él. Porque era del Atléti, como él. Y, sobre todo, porque habían coincidido muchos años atrás, Luis como jugador del Betis, Mariano como intrépido reportero de cuando los intrépidos reporteros entraban en los vestuarios, hoy recintos sagrados.
Así que, cuando el asunto se torcía o la información a tratar era delicada, yo, muy valiente, mandaba a Marianín por delante. Y Luis no podía negarle nada.
-Usted siempre me manda a Mariano cuando le hace falta –me decía el mister-. Pero se reía, porque ese tipo de picardías le hacían gracia.


