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De alguna manera, la noruega Suzann Pettersen está muy ligada a la historia reciente de las jugadoras españolas en la Solheim. Esta semana, en el Colorado Golf Club, ya ha jugado junto a las debutantes Beatriz Recari (foursomes) y Carlota Ciganda (fourballs).
El sábado, de momento repite con Recari en los foursomes matutinos. Hace dos años, en Killeen Castle, Irlanda, no formó pareja con Azahara Muñoz, pero estuvo a su lado cuando más lo necesitó, con el ojo y el oportunismo que caracterizan a los grandes líderes (Pettersen está jugando esta semana su séptima Solheim consecutiva).
La malagueña acababa de enterarse de que saldría en el penúltimo partido de los individuales del domingo, en una competición que no podía estar más igualada: empate a ocho puntos después de las dos primeras jornadas de juego por parejas. Azahara sintió como el agobio se hacía un hueco grande en su estómago… Menuda responsabilidad le había caído encima a ella, una debutante al fin y al cabo.
Y Pettersen salió al quite. Se dio cuenta de la situación y durante la cena del sábado le dijo suavemente, pero con firmeza y fuego en los ojos: «si las capitanas te han elegido para salir en el penúltimo partido es porque están convencidas de que tú puedes darnos el punto decisivo». Fue lo que dijo, cómo lo dijo y quién lo dijo. Pero el caso es que esa pequeña charla ejerció un efecto tranquilizador y motivador como ninguna otra, según confesaba la española. En efecto, horas después el punto de Azahara ante Angela Stanford (1 arriba) resultó decisivo.
Pettersen es la líder natural de Europa. No en vano, ella creció en la Solheim de la mano de la más grande jugadora europea de todos los tiempos, Annika Sorenstam. Con la sueca compartió equipo en cuatro ediciones y formó pareja en numerosas ocasiones, tanto en foursomes como en fourballs. Tiene pues un legado que proteger y traspasar cuando llegue el momento, y ejerce su responsabilidad de modo intachable.
Esa emocionante escena con Suzann abrazando fuerte a Carlota durante la entrevista del viernes, una vez finalizado con victoria su partido ante Lewis y Thompson, es ya desde mi punto de vista una de las imágenes de esta Solheim. No era una pose condescendiente, sino más bien la firma de un pacto de sangre. Pettersen, hielo y fuego.


