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¿Por qué no ha estado Sergio en el Barclays ni estará en el Deutsche?

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Sergio García no ha estado en el Barclays, primer torneo de los play offs de la FedEx Cup, ni estará esta semana en el segundo, el Deutsche Bank.

Antes de nada: no ha sido una decisión improvisada, porque antes de viajar a Estados Unidos para disputar el WGC Bridgestone, ya la tenía más que madurada, siempre y cuando le salieran las cuentas para poder tener entrada en el BMW, el tercer torneo de estas Series finales del circuito americano, como así ha sido.

¿Está lesionado? Por supuesto que no. ¿Es una cuestión de cansancio mental, de hastío? Tampoco. O al menos no de un modo alarmante.

Maticemos. Su renuncia responde a una sensación más sutil que tiene que ver con su experiencia en los casi 17 años que lleva en la brega del golf profesional: no dejar que el depósito se vacíe, que luego cuesta una barbaridad arrancar cuando se está tirado en la cuneta. 

Cada maestrillo tiene su librillo. Y en cada depósito entra lo que entra. Sergio entendió hace tiempo que, en su relación con el golf y precisamente para poder ser más o menos competitivo año tras año, necesita hacer la goma, demostrarse a sí mismo que el golf no es lo más importante, que su vida y su calendario los maneja él. Necesita alejarse y sentir la necesidad de volver.

A partir de aquí se reabrirá, seguro, un debate que siempre nace de la misma premisa: nos hemos empeñado todos, comenzando por el arriba firmante, en que Sergio podría ser más grande si pusiese toda la carne en el asador, según el concepto que la mayoría tenemos de lo que significa poner toda la carne en el asador: entrenarse hasta que sangren las manos, contratar si hace falta a un entrenador mental para mejorar las prestaciones en momentos de máxima presión, inspeccionar y testar semanas antes todos y cada uno de los campos donde se juegan los Grandes, etcétera, etcétera, etcétera…

Sin embargo, Sergio, que por otro lado es un trabajador fiable y regular, está absolutamente convencido de que semejante lista de ‘tareas’ lo hundirían en una miseria vital de proporciones desastrosas.

No es ningún recién llegado. Se conoce bien. Dejémoslo a su aire, que muy mal no le va. Quizá alguno de ustedes piense que le falta un punto de coraje, de ambición, de hambre de gloria. A mí, sinceramente, me parece que es un genio. Con todas esas cosas que tienen los genios y que los hacen únicos e intransferibles.