Inicio Blogs David Durán Por qué a algunos nos gusta menos el paisaje
Una reflexión en voz alta sobre las consecuencias del cisma generado en el golf mundial

Por qué a algunos nos gusta menos el paisaje

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Dustin Johnson posa con el trofeo en la entrega de premios del LIV Golf Las Vegas.
Dustin Johnson posa con el trofeo en la entrega de premios del LIV Golf Las Vegas. (Photo by Chris Trotman/LIV Golf)

¿Por qué hay todavía muchos aficionados al golf de alta competición, de máximo nivel, entre los que se encuentra el arriba firmante, que todavía no le encuentran la gracia al actual paisaje que se nos ha quedado tras la irrupción de LIV Golf?

Pues hay varias razones. Al menos seis y una séptima de propina.

1.– Porque la propuesta de LIV se nos sigue quedando corta y carente de emoción competitiva, probablemente debido a que el día a día de esta liga ha revelado una profunda incoherencia de base con la que a lo mejor no se contaba: el golf por equipos y el individual no casan. No al menos con el actual formato: el discurso del nuevo golf se estructuraba aparentemente a partir y desde el juego colectivo, por equipos, pero los hechos demuestran lo contrario desde el preciso momento en que la bolsa de premios tiene sobre todo en cuenta al jugador individual (cada torneo de LIV reparte 25 millones de dólares en premios, de los cuales 20 se destinan a la clasificación individual y 5 a la de equipos. A final de temporada, además, el ganador del ranking individual se embolsa 18 millones, por los 14 millones que se lleva el equipo ganador en la Final por escuadras).

2.– Porque la reacción del PGA Tour a la amenaza de una nueva competencia ha sido tan burda como escasamente imaginativa, audaz y, lo que es peor, sostenible: si ellos dan más dinero, nosotros damos más dinero. Si ellos juegan sin corte, nosotros establecemos algunos torneos más sin corte. Si su field es más reducido, con todas las ventajas de intendencia que ello supone, nosotros reducimos también la lista de participantes en varios de nuestros mejores torneos…

Todas estas modificaciones, les guste o no a los jugadores y a los rectores del PGA Tour, ni le van ni le vienen al aficionado medio. Antes bien, seguimos siendo muchos los que preferimos los torneos con corte. Y también los que consideramos que este deporte atesora una singularidad que no tiene ningún otro, según la cual el Número 100 del mundo es muy capaz de ser mejor que el Número 1 varias veces en un mismo año, en un mismo mes e incluso en una misma semana, circunstancia sobre la que, a todas luces, pueden y deben defenderse los fields más amplios.

3.– Porque el ranking mundial no refleja la realidad con la precisión que el aficionado demanda y necesita. Qué le vamos a hacer: nos gusta saber quién es el Número 7 del mundo, por poner un ejemplo, con una garantía razonable de que verdaderamente lo es. Ello, entre otras cosas, puede afectar de modo más o menos directo a la excelencia de los Grandes, donde antes o después quizá falte un jugador que debiera estar.

4.– Porque, aunque sea una sospecha puramente subjetiva, muchos aficionados creemos que, con el nuevo panorama y los nuevos calendarios, hay más grandes jugadores que han bajado su rendimiento, sobre todo del lado de LIV.

5.– Porque la Ryder Cup, que debiera ser intocable, se ve salpicada de una manera u otra y casi nunca (y sin el ‘casi’) para bien.

6.– Porque los debates terminan, y hasta empiezan, en el parné, lo que llega a ser agotador. Y hasta descorazonador. Incluso a sabiendas de que el deporte de alta competición, el que sea, es por encima de muchas cosas un gran negocio. Por encima de muchas cosas, de acuerdo. Pero no de TODAS las cosas.

7.– Porque Dustin Johnson, que sólo tiene cuarenta años, ha perdido el hilo y tampoco parece importarle demasiado.