Rory McIlroy es de puertas hacia fuera un Número Uno impoluto y, hasta donde permite lo razonable, cercano. Educado y sin imposturas. Poderoso en lo que le concierne como profesional, que es zurrarle a la bola tan divinamente como pueda, y a la vez un magnífico perdedor y un magnánimo ganador.
Diría que en todos estos aspectos, y en otros también, está muy por encima de otros líderes del deporte. Lebron James, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, se me ocurren.
¿Y Tiger? La comparación resulta odiosa, aún siendo por supuesto el más impresionante y deslumbrante hacedor de resultados deportivos de la historia, además de haber elevado el golf a unas cotas de mercado (espónsores y seguidores) extraterrestres. Bien agradecidos deben estarle todos los profesionales.
No suenan cornetas al paso de McIlroy. O yo no las oigo. Y no hace falta cuadrarse ante su presencia (aunque uno se cuadre).



