

Faltan 999 días
El sábado 21 de septiembre llovió sobre el East Lake Golf Club, donde se disputa el TOUR Championship. Incluso, no se faltaría a la verdad si se afirma que llovió mucho. Y no están acostumbrados por aquellos lares a semejantes circunstancias. Allí, normalmente, el agua siempre viene acompañada de aparato eléctrico y se suspende el juego antes de que empiece a jarrear.
Henrik Stenson estuvo sembrado en la rueda de prensa posterior a la tercera ronda en el recorrido de Atlanta. Le preguntaron por la ronda de golf que había jugado en condiciones más duras y le pidieron que la comparara con la que acababa de sufrir. Su respuesta no tuvo desperdicio:
«Esto ha sido un juego de niños comparado con la ronda de sábado del British Open en Royal St. George’s. Aquello fue como jugar en un túnel de lavado de coches».
Acto seguido, el sueco puntuó de 0 a 10 el grado de dificultad vivido en el East Lake: «un 5,1 sobre 10». Un aprobado raspadillo y generoso.
Por el contexto, aunque no podría asegurarlo, me da la sensación de que el periodista esperaba que la ‘terrible’ ronda de golf vivida en Atlanta saliera mejor parada en el baremo de jornadas infernales de Stenson. Pero resulta que este mocetón se ha forjado en el circuito europeo…
Por cierto, yo estuve allí y puedo dar fe de que la descripción que hace Stenson de la ronda en Royal St. George’s no tiene ni un punto de exageración. Aquel sábado de perros Jiménez salió en los últimos partidos, a dos golpes del líder, pero jugó ocho por encima del par y enterró sus opciones, acribillado por los violentos latigazos de agua que te sacudían desde todos los flancos. Sólo tres jugadores ganaron al legendario recorrido de Sandwich: dos de ellos eran americanos, Fowler y Dustin Johnson, para que no se diga, y el otro fue Darren Clarke, que aquel día dejó bien encaminado su triunfo final.


