
Faltan 639 días
Alejandro Cañizares lleva varias semanas borrándose de cada uno de los torneos del circuito europeo que se han ido celebrando. Una lesión tiene la culpa.
Sufre desde hace tiempo unas desagradables molestias en la muñeca izquierda que no terminan de remitir y que le llevan por la calle de la amargura. No se trata de una lesión producida por un traumatismo concreto, pero entre los profesionales son relativamente normales este tipo de dolencias en una zona delicada y castigada (pequeños quistes óseos, ligamentos tocados…), que en ocasiones hasta necesitan intervención quirúrgica.
Ninguna lesión es oportuna ni llega en el momento adecuado, pero ésta, si cabe, lo es mucho menos. Porque después de su triunfo incontestable en Marruecos parecía llegar el momento de un despegue sostenido que al menos lo llevara hasta el meollo del top-100 mundial (por cierto, cuando ganó allí hace justo seis meses, ya sentía dolores de vez en cuando en la zona afectada).
Si algo demostró este jugador antes de volver a ganar en 2014 fue paciencia y una capacidad de trabajo y superación a prueba de bomba. La ventaja, en su caso, es que hace mucho tiempo que tomó conciencia de que el golf, como profesión, era (es) una larga y espinosa carrera de fondo.
Yo siempre he pensado que Alejandro Cañizares será, antes o después, un fijo en las grandes citas del calendario mundial y que acabará cumpliendo su sueño de jugar una Ryder. Paciencia, paciencia, paciencia…


