Inicio Blogs David Durán Una conversación doméstica, pero reveladora

Una conversación doméstica, pero reveladora

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Miguel Ángel Jiménez y Azahara Muñoz terminan de calentar en el campo de prácticas de Guadalhorce, antes de salir a jugar nueve hoyos con varios grupos de amateurs, que son clientes y premiados diversos de la marca PING, organizadora del encuentro y patrocinador de los tres jugadores profesionales de relumbrón allí presentes (también está Alejandro Cañizares).

Mientras Azahara pega algunas bolas con los hierros («así se recoge limpia la bola del suelo, señores», proclama Miguel) surge espontánea una conversación entre ambos. El diálogo viene a ser este, aunque no sea exacto:

– Miguel, ¿tú dejas de jugar al golf en algún momento, te coges vacaciones? Porque es que no paras…

– Hoy juego aquí y aparco los palos. Me voy a mi casa, en Viena, luego regreso… Y volveré a jugar.

– Lo sabía.

– Chiquilla, es que el golf, además de mi trabajo, es mi hobbie. Y jugaré con mis hijos, que no veas como vienen mordiendo para ganarme.

– Me parece que poco te van a ganar a ti…

No fue la primera ni la única conversación entre ambos a lo largo de una jornada en la que un grupo de amateurs de todas las edades y hándicaps disfrutaron lo que no está escrito. Después, durante la comida, charlaron Miguel, Azahara y Alejandro largo y tendido, codo con codo.

Me quedo con dos apuntes. El primero es el más evidente: la afición pura de Miguel. El habitual deleite que encuentra en su profesión. Sin duda explica muchas cosas. No es ni mejor ni peor. Hay relaciones que se salvan desde la distancia: alejarse para volverse a encontrar y disfrutar de nuevo de la compañía, echarse de menos. Y otras que necesitan de un contacto casi continuo…

El segundo apunte se refiere a Azahara. No es la primera vez que la veo alternar con otros profesionales de mayor ‘rango’ o experiencia que ella y encontrar los momentos oportunos para absorber y procesar cualquier vivencia o enseñanza, por pequeña que sea. Se le encienden los ojos y saca la esponja. Después, selecciona con una sabiduría impropia de su edad. Esto me puede venir bien, esto otro no cuadra conmigo…