
Faltan 734 días
Primera. Gonzalo Fernández Castaño emboca un gran putt en el primer hoyo del día, el 10 de Pinehurst Nº 2. Vamos, hay margen. En el hoyo 11, el siguiente, ejecuta un globito magistral alrededor de green y la bola baila sobre el borde de la cazoleta.
En el hoyo 12 yerra un putt de par de menos de medio metro. En el 13 otro de un metro. En el 18 otro de menos de un metro para birdie. Uf.
Después hablamos con él. Viene mucho más sereno que el jueves, cuando se le había desencajado hasta el alma. Siempre he valorado el modo que tiene GFC de levantarse.
Segunda. España pierde ya 2-1. Me siento a ver unos minutos el partido en la carpa-comedor de la prensa. Un patán, colega británico, aúlla enfervorizado con el 3-1. Patalea emocionado con el 4-1. Pues nada. Y recuerdo aquel 1-0 ante Suiza, primer duelo del Mundial triunfante de Sudáfrica, que me pilló en la sala de prensa de Pebble Beach y que me hizo sentir uno de los hombres más desgraciados de la tierra. Qué ridículos nos ponemos tantas veces…
Tercera. La foto de Pablo Larrazábal marchándose de Pinehurst con la bolsa al hombro es muy triste. El revolcón ha sido terrorífico. Mickelson habla ante los medios y dice que todavía puede pasar cualquier cosa, pero a mí me parece que no se cree lo que está diciendo. Sorpréndenos, Phil.
Lo dije y lo mantengo: con la victoria de Nadal en Roland Garros tengo gasolina para todo el verano. Quizá, para toda la vida.


