– Comencemos por el principio y por lo más obvio: ahora, después del Masters, tenemos el RBC Heritage en el Harbour Town Golf Links de Hilton Head (Carolina del Sur), uno de los llamados Signature Event del PGA Tour. Y uno se sigue preguntando si no es una mala idea colocar estos grandes torneos justo después de un Grande, justo después del Masters. En este caso, ni siquiera la cercanía geográfica de ambos eventos (no hay ni tres horas en coche desde Augusta a Hilton Head), lo justifica realmente.
Volverá a ocurrir la semana inmediatamente posterior al US Open (se juega el Travelers, otro Signature), no así la semana siguiente al PGA ni al OPEN.
¿No sería más razonable dejar reposar las intensas emociones provocadas por el triple salto mortal con tirabuzón (el Masters) e ir in crescendo, con redoble de tambores, hacia la siguiente figura, pongamos un doble salto mortal (un Signature Event)? Los calendarios no se improvisan y a veces se convierten en un dolor de cabeza, es verdad, pero el hecho de dejar al menos una semana entre medias nos sentaría mejor a todos: jugadores, patrocinadores y aficionados.
– Hay cosas que no cambian: Scottie Scheffler vuelve a ser esta semana el defensor del título, como la pasada en Augusta. Precisamente el Número Uno del mundo desmintió el año pasado con su triunfo en Harbour Town que un ganador de la chaqueta verde no pudiera rendir a pleno rendimiento apenas unos días más tarde… Pero es que Scheffler, en 2024, era mucho Scheffler.

– No nos pongamos estupendos: tampoco le va tan mal al Scheffler de 2025. Muy mal no puede irte cuando ya se ha consumido un cuarenta por ciento del calendario del PGA Tour en la presente temporada y marchas en cuarto lugar en el ranking de la Fedex Cup…
¿Sorprende que todavía no haya ganado, tratándose de un Número Uno tan dominador y tiránico? Es posible, pero este tipo de sorpresas son las que hacen único al golf. Por el contrario, tampoco sorprendería demasiado que en el plazo máximo de un mes largo lo tuviéramos ya con dos triunfos, siendo uno de ellos en un Grande (PGA). Esta semana, en el RBC Heritage, por si acaso, más nos vale concederle la vitola de gran favorito al triunfo.
– Patrick Cantlay no ha hecho un Masters desastroso, aunque su actuación haya sido más bien discreta (36º, con una sola ronda por debajo del par (71), la del domingo, saliendo ya sin opción ninguna). El problema, o lo que llama más la atención, es que lleva ya dos años y ocho meses sin ganar. Demasiado tiempo. Sin embargo, si de alguien puede y debe esperarse que cante victoria alguna vez en Harbour Town es de él. Le va como anillo al dedo y allí ya jugó y perdió un desempate hace tres años con Jordan Spieth. Este año todavía no ha fallado un corte, lo que nos indica que su juego está mucho más afilado de lo que se vio, por ejemplo, en Augusta. Hace tiempo que no da un decidido paso al frente. Le toca.

– Nada causa más frustración a un jugador GRANDE que pasar inadvertido en un GRANDE. A Tyrrell Hatton y Joaquín Niemann, jugadores de LIV, no los vamos a ver el el RBC Heritage, donde probablemente habría que contar con ellos. Cada vez que llega un Grande también son nombres a vigilar, pero ellos siguen sin encontrar la manera de dar su mejor versión en las citas más importantes del año. Tampoco en el Masters, aunque el inglés, por momentos, pareció ganarse la condición de candidato (terminaba 14º). Sea como sea, es un verdadero misterio lo de estos dos excelentes jugadores, porque no parecen desde luego el tipo de golfista que se deja impresionar por la talla del evento. Algo ocurre y sería un error por su parte achacarlo todo a la mera casualidad. Los números del chileno, de hecho, causan estupor: en los últimos nueve años ha jugado ya 23 Grandes y todavía no ha conseguido ni un solo top ten.
– La semana pasada, de nuevo esa situación… Se está jugando la segunda ronda en el Augusta National y Sergio García transita por el alambre del corte. No es algo que a él le sorprenda, ni siquiera llegando a la cita en un gran momento, como ocurría este año, pues ya se ha visto en la misma posición muchas veces, partiendo como favorito y luego sufriendo lo indecible el viernes hasta el último golpe del último hoyo. Los números en este sentido son abracadabrantes: hasta once cortes ha fallado el español en su carrera en Augusta y en siete ocasiones lo fallaba por un solo golpe. No sólo eso: es que en cuatro de esas siete ocasiones le bastaba hacer el par en el 18 para estar el fin de semana, y hacía bogey; y en otras dos, le bastaba hacer el bogey y hacía doble bogey. El colmo de la frustración. Este año lo ha fallado por dos golpes, llegando una vez más a la recta final de la segunda vuelta con la soga al cuello.
No hay ningún otro campo en el mundo que lleve a este jugador a tales extremos. Por eso seguramente tiene mucho más mérito su victoria de 2017. Es tan curioso como inaudito: tal y como el jugador nos ha confirmado, el pasado jueves sintió que estaba jugando el campo mucho mejor que en sus mejores tramos de la edición que ganó, la de 2017. Reconozcamos que es como para volverse loco.

– El Masters también ha dejado algunas interesantes secuelas en clave Ryder Cup. Bryson DeChambeau, por ejemplo, ha apuntalado su posición dentro de los seis jugadores que se ganan la plaza automáticamente. Y Justin Rose ha entrado como una exhalación dentro de esas seis plazas, en este caso en el bando europeo, ascendiendo 24 puestos en el ranking Ryder tras su segundo puesto en Augusta. El inglés avisó en su día que quería ganarse como fuera el derecho de jugar en Bethpage y ahí está. Él sospechaba que podría ser su última oportunidad, aunque cualquier lo diría viéndolo este año en el Augusta National, sobre todo el jueves y el domingo. Sea como sea, apunten su nombre como gran candidato a la capitanía para la edición de 2027.



