Aterrizo en Isla Mauricio y no sé en qué maldito momento comienzo a sentirme mal. Lo que me pasa no es tampoco nada del otro mundo, pero sí muy molesto y desde luego, un engorro para la práctica de cualquier deporte. Lo que tengo es una diarrea hecha y derecha. Así, resumiendo.
El caddie que había contratado no aparece por ningún lado. Como el jueves salgo en el turno de tarde al menos espero que aparezca y ya arreglaré con él lo que haya que arreglar. Ni jueves, ni viernes, ni nada. No aparece. Hay un agravante: la semana se la había pagado por adelantado. Todo muy divertido, como se puede ver…
Salgo a jugar con un chaval del club llevando mi bolsa. La que le ha caído al pobre, pienso. La primera ronda no es ninguna maravilla, pero juego una por debajo del par.
El viernes, sin embargo, el inicio de vuelta es un desastre: cinco arriba en cinco hoyos. Tengo buenas excusas a las que agarrarme, qué carajo. La semana se ha torcido y no hay más que hablar. Parece que ya toca pensar en el Open de España. Sin embargo, este año he cogido una rutina muy buena, tan sencilla de explicar cómo complicada de poner en práctica, al menos para mí: ir golpe a golpe y, por tanto, no dejar que un error me lleve a otro, y luego a otro y a otro y a otro…
Empiezo a estabilizar la vuelta (birdie en el 6), pero los hoyos van pasando y tampoco produzco mucho más. De hecho, me caen otros dos bogeys. Paciencia. No dejarse ir. Luchar, aunque todos sepamos que el corte ya es poco menos que un imposible. Vengo de hacer bogey en el 13, pero en el 14, par 5, pego un buen drive. Perfecto. Después de las pertinentes medidas lo veo claro: hierro 2 a por la bandera. La dejo a dos metros y emboco el putt. Un eagle muy oportuno, sí señor. Vamos, golpe a golpe.
Pero me presento en el tee del 17, el hoyo más difícil del campo, sin un birdie más en la mochila. Mal asunto. No hace falta ni hacer cuentas. Simplemente necesito birdies, en plural, y sólo me quedan dos hoyos. Ni siquiera sé si con dos birdies me meteré en el fin de semana. Pero pego otro buen drive, después un buen hierro 3 y, lo que es aún mejor, enchufo el putt de cinco metros que tengo para birdie. El 18 es también un par 5 y no lo juego a la perfección, pero todavía me he dejado una opción de birdie de unos cuatro metros. ¡Dentro! Ahora me toca esperar a ver si paso el corte, pero ya me voy realmente contento del campo porque he conseguido agarrarme, tener paciencia e ir golpe a golpe. Algo muy parecido me pasó en Marruecos: el viernes comencé fatal la vuelta pero conseguí mantener la cabeza fría y no desesperarme. Al acabar ya estaba orgulloso de esta reacción y aunque suene estúpido casi me daba igual pasar o no pasar el corte.
(La historieta, contada en primera persona porque el escribiente amaneció así de pinturero, responde a hechos reales. Lo que ha vivido Pedro Oriol hasta este viernes en Isla Mauricio. Y sí, finalmente ha pasado el corte. Igual que ocurrió en Marruecos. Vaya, vaya, a veces incluso el trabajo bien hecho da sus frutos… Lo que ocurra durante el sábado y el domingo será otro cantar, pero dejen que les diga que buen negocio será para el golf español (y para él, sobre todo para él) que se mantenga firme en la determinación de amueblar cada día la cabeza de este modo).



