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El putter de Tiger Woods en 2010, con y sin números

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Hace un par de años, un profesional de golf español, de los de élite, nos decía: "a mi dame el putt de Tiger, que con el resto del juego ya me voy arreglando yo"…

No era prepotencia. No estaba comparando su juego fuera de los greenes con el de Woods. Sencillamente era un modo de subrayar el don del Tigre con el putter en las manos.

Este año 2010, por vez primera en su carrera, Tiger se está haciendo un lío con el putter. Los resultados lo confirman. Y las estadísticas son clarísimas. Según los datos que recoge la página del PGA Tour, completísimos sobre todo desde 2008 en adelante, el Número Uno tiene en 2010 menos acierto en los greenes en líneas generales. Pueden ustedes comprobarlo.

Cuatro ejemplos: 

1. En los putts de entre 1,5 metros y 3 metros de distancia, emboca un 54 por ciento en 2010, por el 62 por ciento en 2009 y el 56,8 en 2008.

2. En los putts de entre 3 y 4,5 metros de distancia, emboca el 26 por ciento en 2010, por el 31 por ciento de 2009 o el 27 de 2008.

3.  En los putts de entre 4,5 y 6 metros de distancia, emboca el 13,7 por ciento en 2010, por el 16 por ciento de 2009 o el 29,2 de 2008 (este dato en concreto de 2008 es una barbaridad).

4. En los putts de entre 6 y 7,5 metros de distancia, emboca el 5,8 por ciento en 2010, por el 10,14 de 2009 o el 18,1 de 2008.

Mantiene, eso sí,  y hasta mejora las cifras en los putts de entre 0,9 y 1,5 metros de distancia, siempre en torno al 94 por ciento los tres años.

Nadie dude que esos puntos porcentuales de diferencia, por pequeños que parezcan, te hacen perder o ganar torneos. Pero hoy nosotros queríamos ir también un poco más allá de los fríos números. Al margen de estas estadísticas, el don de Tiger consistía en algo más…

En meter el putt decisivo. Ese que te cambia una vuelta. El que hunde a tu rival. El que decanta un torneo. El que te mete en un desempate. El del hoyo 18. Esos los metía en un elevadísimo tanto por ciento, estuviera como estuviera pateando ese día concreto. En la hora de la verdad, hoy falla mucho más.

Evidentemente, esta última reflexión no está cifrada, no deja de ser subjetiva. Es un mero recuento a vuela pluma echando mano de la memoria después de verle horas y horas jugando. Y la sensación es ésa: Woods tiembla hoy más que nunca en los greenes.

¿Las razones? Centrar el origen del problema en sus problemas extradeportivos sería, cuanto menos, una frivolidad. Porque, de hecho, en 2009, antes de que saltara a la luz pública todo el follón extraconyugal, ya pateaba peor que en 2008. A partir de ahí, seguramente ni él tiene nada claro qué está ocurriendo…

Y terminamos volviendo a lo de siempre: si de alguien puede esperarse una pronta y eficaz recuperación, desde luego es de él. Bridgestone y PGA nos pueden ir sacando de dudas.