
Patrick Reed se colocó a sí mismo en el ojo del huracán en la pasada Ryder Cup. Fue el mejor jugador del equipo norteamericano. Sin embargo, no sólo sus birdies llamaron la atención.
Sus gestos agresivos, plenos de concentración y determinación, sus puños al aire en cada hoyo ganado, soliviantó los ánimos de la hinchada europea. Fue el centro de las iras del público, aunque el joven norteamericano sólo estaba buscando la reacción de los suyos, una liana de garra a la que sus compañeros pudieran agarrarse para creer en la remontada. No le sirvió y en cierto modo quedó como el malo de la película. La gota que colmó el vaso fue cuando mandó callar al público llevándose el dedo a la boca, un gesto que no es la primera vez que se ve en el deporte y con el que tampoco quiso faltar el respeto a nadie.
Hoy, dieciséis días después de la Ryder Cup, Reed ha demostrado en Londres que no sólo no tenía mala intención, sino que es un gran tipo y que tiene un enorme sentido del humor. El mismo sentido del humor que han demostrado McDowell, Stenson, Gallacher, Dubuisson y Donaldson. Al final, todo esto es deporte y consiste en ganar, así que pelillos a la mar. Esta bien podría ser una de las fotos del año. Se tomó durante la cena de gala del Volvo Wolrd Match Play Championship y McDowell la ha subido al Twitter.
* Foto de Getty Images


