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¿Se han vuelto locos en Estados Unidos o realmente estamos ante el ocaso de Tiger?

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Su participación en el US Open está en el aire

No se habla de otra cosa en Sawgrass. La repentina retirada de Tiger Woods del The Players Championship es el centro de todas las tertulias, de las comidillas, de los encuentros más o menos fugaces…

La pregunta es siempre la misma: ¿estamos ante el ocaso de Tiger? Los especialistas norteamericanos empiezan a dudar de todo: de su físico; de su cabeza; de que vuelva a ganar un major; de que vuelva incluso a ganar un torneo; algunos, los más extremistas, se plantean hasta una posible retirada del californiano.

Parece una reacción exagerada ante la enésima decepción del gran dominador del golf mundial en los últimos 15 años. Es cierto que Tiger está muy castigado en todos los aspectos, pero no es menos cierto que tiene 35 años, curiosamente sólo un año más que Lee Westwood, actual Número 1, cuando resucitó para el golf en 2007 ganando aquel Open de Andalucía en Aloha.

Las reflexiones de las grandes firmas americanas no son, no obstante, gratuitas. Tienen argumentos. En el New York Times, por ejemplo, Larry Dorman habla con Bob Prichard, experto en biomecánica del deporte que ha trabajado con 44 medallistas de oro olímpicos. El presidente del Somax Performance Institute de San Francisco asegura que el origen de los problemas de Tiger en su rodilla están en su nuevo swing. Otra carga de profundidad para Sean Foley.

Prichard asegura que "su swing es considerablemente peor en todos los sentidos, ya que pone una presión extra en su rodilla izquierda. Más que nunca, Tiger está moviendo su cadera hacia el objetivo por fuera de su pie izquierdo y toda la presión va hacia su rodilla izquierda, empujando el fémur hacia abajo, contra la meseta tibial". El propio Tiger comentó ayer que tras su primer golpe en el tee del 1 sintió un calambre en su pierna provocado por una reacción en cadena que fue desde su rodilla izquierda hasta su tendón de Aquiles.

La primera conclusión, por tanto, es que Tiger Woods no está bien físicamente, lo que evidentemente provoca que entrene mucho menos y su preparación no sea tan buena. De hecho, muchos piensan que se ha precipitado en su regreso a la competición. Butch Harmon, según publica Michael Bamberger en Sports Illustrated, aseguraba ayer mientras consultaba en su móvil los resultados de la jornada, que estaba sorprendido de que Tiger estuviese jugando en Sawgrass. Y fue más allá: "me sorprendería mucho que estuviese en el US Open".

Esta es la gran duda en estos momentos: ¿cuándo va a regresar Tiger Woods? El propio jugador comentó ayer que no podía ponerse una fecha hasta que hable con los médicos, pero viendo que su primer intento de reaparición ha sido un fracaso mayúsculo parece difícil pensar que pueda estar en el Congressional dentro de un mes. Desde luego, Tiger no va a volver a forzar. En esta ocasión lo ha hecho, precisamente, para preparar el US Open. Y ha salido rana.

También ponen en duda la fortaleza mental y el hambre de Tiger. El golfista asegura por activa y por pasiva que su familia está por delante de todo. Quiere ser un buen padre, aún sacrificando horas y horas de golf. Esto también se debe dejar sentir.

La extraordinaria figura de Tiger Woods hace que todo lo que suceda a su alrededor se magnifique hasta límites insospechados. En general, nadie duda de que volverá a ganar, pero prácticamente nadie duda ya que nunca volverá a ejercer el dominio de antaño. ¿Exageración o realidad?