
Andanzas y menesteres de un hidalgo caballero español en Asia
Datan los registros a la vista de cualquier curioso, que el 26 de febrero de 1297 en Loenen aan de vecht, jugaban los holandeses con un palo y una bola (de cuero) a pegarle a un objetivo a varios cientos de metros en los menos impactos posibles.
Eran golfistas sin federar, que murieron sin saberlo, gentes como ahora pero con un swing menos trabajado, más de guarda forestal en poda. Además, jugaban a algo que no se llamaba golf todavía, suerte para ellos que se libraron de que Leadbetter les vendiera accesorios.
Entraba el año 1500 en la costa de Aberdeen, el paraíso de las aves se aburría de sí mismo. Entonces, una foca shetland, le dijo a una pareja de pingüinos de Adelia, con la que se cruzó al terminar de merendar pescado, “pero bueno, ¿con tanto arquero aquí y cómo es que esta gente no ha inventado el golf aún?” A lo que contestó el más largo de los pingüinos, que tenía un tío concejal en el antártico: “pero si es que no se aclaran, esta gente no tienen reglas, ni nada, aunque pronto se pondrán de acuerdo”. Así se lo espetó, a grazna píloro, cargando el peso a la izquierda, como si quisiera aprender a aprochar.
Y así empezó todo, puesto que oficialmente hay golf, o terrenos de golf, en Perth desde 1502, en Carnoustie desde 1527, en Montrose desde 1562, en Musselburgh desde 1567 y en St Andrews desde 1574, siendo éstos los cinco primeros conocidos y descritos en el archivo, según cronograma, en lo que podemos considerar golf/pre-reglas.
En 1457, siglo y medio después de la prehistoria holandesa, se le seguía dando, hasta que el 6 de marzo, James II, lo prohíbe en favor del tiro con arco, que era lo que le molaba. Tiras y aflojas contra el golf y a favor del golf, y una sucesión de reyes James hasta llegar al que hizo número seis, que aprobó la práctica del golf los domingos a todo el personal que no estuviera de servicio.
Y así siguieron, dando a la bola a la sombra del castillo de Aberdeen, al tiempo que aparecen dos instituciones claves para rematar este ciclo: la ROYAL BURGUESS GOLF SOCIETY, que aquilata, da forma y trata de aportar seriedad al juego, aunque quizá la menor entidad de sus miembros no le permite cerrar la operación, algo que sí hará en 1744 la HONOURABLE COMPANY OF EDINBURGH GOLFERS, que tenían más cuna y todo el tronío.
Sucedió y se resume de la siguiente manera y por orden de intervención.
ROYAL BURGESS
Los tres fundadores de dicha sociedad juraron por escrito, y en acta archivada el 8 de Abril de 1773, que la sociedad de golfistas que ese día fomentaban seguiría con el transcurso del tiempo, far and fair (limpia y lejos), incluso tras la muerte de uno o de todos ellos. Dieron forma a sus intenciones aquella mañana, con dignidad y categoría, que es lo que rebosaban.
No eran otros que Orlando Hart, zapatero de Edimburgo, primer capitán de campo de la historia; el joyero Daniel Kerr, constituido en contable y tesorero y Charles Rhind, astuto comerciante, perfecto para las labores de secretario. Incluso, tenían uniformes distintivos, sencillamente para diferenciar a los golfistas de los simples pedestres paseantes, y así avisar de posibles accidentes ya que, por lo que se ve, alguno no iba muy recto.
THE HONOURABLE COMPANY OF EDINBURGH GOLFERS
El próximo 2 de abril se cumplirán 270 años del inicio de la actividad como tal de un club de golf. Me refiero a LEITH LINKS, donde se terminó gestando el golf moderno, cuya gestión pasó más tarde a manos de la ROYAL & ANCIENT GOLF CLUB OF ST ANDREWS y DUNCAN FORBES, presidente y hombre clave en dicha HONOURABLE COMPANY. Precisamente, su entusiasmo desembocó en la propuesta de las primeras 13 reglas de golf.
En sesión con el resto de miembros, se dijo, y les dijo a todos, “igual que los tiradores obtienen una flecha de arco de plata cuando ganan, por qué no lo hacemos nosotros aquí en el LINK DE LEITH”,a lo que todos asintieron. Y prosiguió, sembrado: “la echamos el 2 de abril, a cinco hoyos, que es lo que tenemos”, y todos levantaron los brazos, eléctricos, haciendo ya swing de cafetería, locos de contentos.
Y la echaron y se apuntaron los 12, aunque jugaron 11, porque era tal la grandeza de DUNCAN FORBES, que se anotó y no jugó, porque fue quien dio inicio y fe a una competición de golf y a 13 reglas básicas y nuevas, que han evolucionado hasta hoy.
Por cierto, venció JOHN RATTRAY, considerado el primer ganador de golf de la historia aquel señalado día 2 de abril de 1744, inicio de una primavera escocesa más, pero no una cualquiera.
HAPPY 14, y muchos birdies a todos los lectores de Ten-Golf.
MR. LOCKER ROOM INSIDER WORLD
(*) En la imagen, Leith Links en la actualidad, foto tomada el pasado verano


