Incido en mi error de lenguarón. En boca cerrada… Si antes digo que las formas de Florentino Pérez son lamentables y que seguro que no estudió en los Escolapios (yo barro para mi cole), antes me topo en Internet que fueron los curas de la orden de San José de Calasanz quienes instruyeron al empresario cuando era un chaval. No considero que sea un honor…
No se debe ir por la vida pisoteando, humillando, pavoneándose, por la simple circunstancia de estar forrado. Encima, para rematar la faena, todos los planes le salen mal, así que no debe ser la fórmula apropiada, pero ése es otro cantar.
Defino a Florentino como el Lopera de Concha Espina porque tan criticado como es el dirigente del Betis, no obra de una manera muy diferente a la del acaudalado ingeniero madridista. Por cierto, ya que se trataba de colegas de estudios, no debería haber ninguneado como lo ha hecho, durante la temporada y en el adiós, a otro ingeniero.
El señor Pérez despreció hasta un punto descortés a su entrenador mientras negociaba el fichaje de Mourinho, un hábito muy made in Lopera, pero que si lo hace ese hombre que acumula fracaso tras fracaso, pero que saca el fajo de billetes y calla a la prensa y a la afición contratando a tal técnico o a cual estrella balompédica, tiene concedido el perdón divino.
Ah, por último, al nuevo técnico madridista, con eso de cuidar las formas, habría que pedirle que se afeite y se remeta la camisa por dentro cuando va a anunciar oficialmente que va a entrenar a un equipo que le va a pagar 10 millones de euros al año. Incluso si le pagara 50.000 euros al año no vendría mal un poco de decoro, por mucho que los tiempos estén cambiando hacia la informalidad o el estilo casual.
Lo dicho, se empieza avasallando y se acaba poniendo un busto en el palco.


