
Artículo de opinión de Pablo Martín tras ganar el Gecko de Atalaya
Siempre me pareció un tanto peculiar la forma que tenemos algunos de llegar a entender las cosas. Me refiero a cuando se te enciende la bombilla y comprendes algo que igual te han dicho por pasiva y por activa cientos de veces, pero que nunca antes llegó a destino.
Creo que era Nicklaus el que decía que al golf sólo podían jugar bien dos tipos de personas. Los muy muy listos. Y los muy muy tontos. Los primeros son capaces de entender el juego como tal. Con sus atajos y trampas a tomar y evitar. Los segundos, gracias a un cocktail de ignorancia, descuido o indiferencia humana, tiran palante como novillo atolondrado. Los demás andamos en una fina cuerda entre la locura más inmensa y la satisfacción total un tanto perecedera. Y es que esta última, en este malévolo juego diseñado probablemente por un grupo de pastores de las highlands escocesas anestesiados en whiskey, suele durar lo que dura una racha de pares seguidos. Es decir, con suerte, más bien poco.
En fin, que en esto de mi vuelta a la competición para el 2014 tal y cual, me encontraba cuando recibí la genial noticia de la victoria de Pablo Larrazábal en Abu Dhabi. Hay pocas personas más cariñosas que Pablo en el trato personal. Es uno de mis mejores amigos en el tour y una persona a la que admiro por varias razones. Hoy quiero hablar de una cualidad que él comparte con la otra persona que en ese instante andaba revoloteando en mi cabeza: Miguel Ángel Jiménez.
Pablo y Pisha ganando a diestro y siniestro, con años o sin ellos, con Rorys y con Phils, o con Tigres y con muletas, todo remezclado en este coco de borrico y…!tachán! Por fín comprendo la importancia de la actitud. El quererte a ti mismo en vez de la autoflagelación constante. El darte crédito por quién eres. El que sumen los golpes buenos y que los malos no resten. Y el esfuerzo que conlleva un régimen de autoconvencimiento. Porque siempre vendrán nubarrones y la pena o la desdicha traen un confort tan peligroso como el de un coche sin frenos. Entender la importancia que tiene ser positivo y creer en tus cualidades. Ése es el verdadero elixir. El ser estricto cuando eliges cómo verte. Porque siempre puedes elegir qué actitud tener ante las cosas, y finalmente, y por encima de todo, no es justo para la gente que está contigo ni mucho menos para ti el elegir la más ceniza de las opciones.
Con estas intenciones empezamos un 2014 que será como siempre un gran año. Positivismo, buen rollito y karma. Mucha karma.


